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Malasangre, de Helena Tur

A pesar de su orfandad, Henar Expósito ha sido una joven afortunada, hasta ahora. Educada con cariño por las monjas de un hospicio de León, a los catorce años encontró una buena posición como dama de compañía de una mujer culta y de ideas liberales, pero esta mujer ha fallecido y Henar se encuentra desesperada por encontrar un trabajo. A la noticia de la muerte de otra huérfana que se dirigía a trabajar en un colmenar próximo a Ponferrada, Henar decide presentarse ella misma en el pueblo de Villaverde para ocupar ese puesto pero, una vez allí, se suceden las sorpresas: para empezar, el empleador de Henar es un tipo de la peor calaña imaginable y, además, la niña del hospicio no murió por accidente y no se ha descubierto al asesino.

La novela nos traslada al Bierzo rural en los tiempos de Isabel II donde bandoleros, campesinos y buscadores de oro convivían en un extraño equilibrio en este paisaje tan hermoso que algunos solemos visitar con frecuencia. Esto fue, precisamente, lo que me atrajo del libro: creo que es el primer libro ambientado en León que leo.

La historia avanza mientras Henar va conociendo a todo tipo de personajes e intenta descubrir si su empleador es simplemente un ser despreciable o el mismísimo asesino de niñas. Me ha resultado una premisa interesante y llena de intriga; sin embargo, la narración se hace pesada. Hay pasajes en los que se describen hasta el infinito las sombras del bosque y el miedo que pasa la protagonista, para unas páginas más adelante volverse a adentrar en el bosque y volver a las descripciones de terror y sombras. También se demora innecesariamente en todo el proceso mental de Henar, minuto a minuto, a cada paso de la trama, con una cierta repetición que va desanimando al lector, que no necesita tal minuciosa explicación para comprender lo que sucede. Además, la resolución de la trama se predice hacia la mitad de la novela, con lo que el descubrimiento de la identidad del asesino pierde toda emoción (y no soy yo muy Sherlock con las novelas de misterio).

En fin, siento que me he dejado llevar por una portada y una ambientación seductoras, para encontrarme un libro al que le sobran un cuarto de sus páginas, y con un final algo decepcionante.

Título: Malasangre
Autora: Helena Tur
Editorial: Plaza y Janés
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
ISBN: 978-84-01-02435-1
Páginas: 400
Precio: 19,90 €

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Cuando Cora Seaborne pierde a su marido tras una larga enfermedad solo siente dicha al recuperar las riendas de su vida. Ansía alejarse de la constricción que tanto tiempo la ha mantenido recluida, marital y social, y decide mudarse por un tiempo a Essex, en busca de un horizonte sin límites y de un extraño monstruo marino que tiene aterrorizados a sus habitantes.

El reverendo William Randsome y su familia recibe cálidamente a Cora pese a sus excentricidades y sus alegatos tan poco convencionales cuestionando la misma religión que sustenta a los Randsome. La ciudad —ficticia— de Aldwinter será testigo del exquisito refinamiento londinense de la recién llegada, y también de su extravagante comportamiento, pues recorre todos los días varias millas a lo largo del estuario del Blackwater, y vestida con prendas de hombre, además. Bajo la espesa niebla, los restos de naufragios, y el escrutinio de los supersticiosos, Cora sueña con descubrir a la criatura que la lleve al Museo de Historia Natural; está convencida de que esta serpiente centenaria podría competir con los fósiles jurásicos de su admirada Mary Anning.

Las marismas atraen a una mujer que persigue lo que aún quedaba fuera del alcance de su sexo al final del periodo victoriano: el progreso científico y el imperio de la razón sobre la superstición. Y Will Ransome, que representa todo lo que ella desprecia, atacará con su propia razón, la espiritual, las supersticiones de Cora y de los demás creyentes en la mítica serpiente, mientras todo aquello que los separa les empuja en un torbellino hacia el otro. Cora llegó al Blackwater en busca de un dinosaurio marino, pero el único monstruo que encontrará se arremolina en torno a su corazón.

Con una ambientación exquisita que juega entre las mareas del estuario, el Blackwater aparece como un personaje más que digiere y expulsa barcos y animales a su antojo. Nos encontramos con una relato de estilo gótico y personajes muy bien dibujados, cada uno jugando un papel clave en medio del ambiente de cambio que se respiraba a las puertas del siglo XX. Solo he hablado de Cora, pero tenemos un magnífico elenco de personajes que retratan el camino hacia el progreso y los obstáculos de los que se oponen a él. El doctor Luke Garret, por ejemplo, médico pobre pero visionario que practica sin descanso para llevar a cabo cirugías que nadie antes se ha atrevido a hacer; o Martha, compañera inseparable de Cora y entregada a la lucha de clases, que no duda en aprovecharse del amor de un hombre rico para poner su fortuna a disposición de la causa. El propio Will Ransome se enfrenta a sus propias dudas sobre su papel Colchester como reverendo que trata de proteger a su congregación, pero viéndose abocado a luchar contra ella, contra Cora, y contra sí mismo.

La serpiente de Essex pondrá sobre el tablero las pasiones de todos ellos en una partida difícil de ganar sin perder algo a cambio.

Título: La serpiente de Essex
Título original: The Essex Serpent
Autor: Sarah Perry
Traductor: Carlos Jiménez Arribas
Editorial: Siruela
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-17151-22-5
Páginas: 408
Precio: 22,95€

Al momento de escribir esta reseña he visto el primer capítulo de la serie con Claire Danes como protagonista, y ya se aprecian cambios con respecto al libro que, no obstante, la hacen más oscura y emocionante.

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A comienzos de año decidí hacer una inmersión lectora en los novelistas victorianos, aunque la única lectura que resultó de tal inmersión fue Middlemarch.

George Eliot (o Mary Ann Evans) escribió su “estudio de la vida en provincias” partiendo de dos personajes, Dorothea Brooke y el doctor Tertius Lydgate, que se presentan como astros alrededor de los cuales giran los demás, independientes entre ellos en cuanto a sus historias personales, pero unidos en tiempo en tiempo y lugar.

Empecemos por Dorothea, el alma de la historia, joven soñadora repleta de ideas y proyectos que suponen siempre el bien para los demás. Lejos de procurarse protagonismo, Dorothea disfruta diseñando viviendas dignas para los trabajadores del campo o apoyando la construcción de un nuevo hospital con la aportación de su modesta renta. No puede disimular su entusiasmo cuando Edward Casaubon, un clérigo anglicano de más edad e inmerso en la redacción de un tratado que expondrá el origen de todas las mitologías, la pide en matrimonio: Dorothea podrá, por fin, dedicar su energía a un proyecto mayor y más perdurable que su modesta vida. Su razón de ser es, ahora, servir a Casaubon para que avance en su libro, ser sus ojos cuando los de él necesiten descanso, extraer las ideas necesarias de los textos; procurar el bienestar para que su marido muestre su sabiduría al mundo.

What do we live for, if not to make life less difficult to each other?

—Dorothea

Tertius Lydgate es un médico recién llegado a Middlemarch. En una época en la que el estetoscopio era un instrumento visto por muchos facultativos como innecesario, Lydgate representa el progreso irrumpiendo en un lugar que se muestra reticente a recibirlo. No obstante, nuestro médico va estableciendo su clientela y, en sus ratos libres, además de colaborar con el nuevo hospital sin remuneración alguna, se encierra en su estudio para investigar métodos de diagnóstico y nuevos tratamientos. No está entre sus planes casarse, pero sus incursiones en la sociedad del lugar le llevan  directo al altar con Rosamund Vincy, una preciosa joven que ve cumplido su deseo de desposarse con lo que ella considera un hombre exótico, forastero en Middlemarch, con el que imagina una vida de lujo y emoción.

En lugar de terminar la novela en celebraciones nupciales, la autora decide comenzarla con ellas y así explorar las contradicciones y la lenta extinción de las esperanzas de nuestros protagonistas. Casaubon es, en realidad, celoso, y prefiere impresionar a los demás hablando de su proyecto que llevarlo realmente a cabo, rechazando toda ayuda de Dorothea que, desesperada, insiste en serle útil. Lydgate verá toda su carrera comprometida por su esposa, que está acostumbrada a vivir rodeada de una abundancia que su nuevo marido no le puede proporcionar. La devoción y la pasión amorosa son insuficientes para nuestros personajes.

Tenemos contrapuntos, sí, a lo largo de la historia: la hermana de Dorothea se casa por conveniencia, sin verdadero amor, con un hombre que la respeta y la protege, dándole todo lo que ella necesita (familia, hijos, compañía). El hermano de Rosamund, Fred Vincy, está enamorado de una joven por debajo de su nivel social y cambia, con éxito, sus hábitos de joven vividor para ser digno de ella. El sobrino de Casaubon, Ladislaw, se enamora de Dorothea, permaneciendo en Middlemarch aún ante el rechazo de los demás. Hay matrimonios de gente corriente que se entiende sin necesidad de pronunciar una palabra, y otros de gente pudiente cuya felicidad se ve truncada a cada conversación. Y el lector, inmerso en todas estas historias, verá al doctor Lydgate atendiendo los achaques de Casaubon y será testigo de la devoción sincera de su esposa por su salud y su trabajo, dejando para la imaginación cómo hubieran resultado las cosas si esas atenciones se las hubiera dedicado a él.

Middlemarch requiere una lectura sosegada; me llevó un par de meses en completar los ocho volúmenes originales. A lo largo de la novela nos encontramos la voz de la autora, guiándonos a través de este “estudio” y mostrándonos los espacios en que sus criaturas intentan mantenerse a flote. Me ha entusiasmado de principio a fin, y guardo un especial recuerdo de Dorothea por su candidez y su dedicación por los demás. Quizás se me haya escapado alguna lágrima al terminar la novela.

Muy recomendable, si gustáis, escuchar el audiolibro mientras lo leéis; se disfruta el doble. Y la serie de la BBC, imprescindible como guinda después de la lectura.

Hay varias ediciones más económicas, pero me parece que esta de Alba Editorial puede ser interesante:

Título: Middlemarch
Autora: George Eliot (Mary Ann Evans)
Editorial: Alba Clásicos
ISBN: 978-84-8428-019-4
Páginas: 900
Precio: 36,00€

Leo los relatos de Stefan Zweig al ritmo al que aparecen en la biblioteca: siempre supone una sorpresa encontrar alguno que aún tengo pendiente cuando voy a curiosear por esas últimas estanterías.

En Una boda en Lyon encontramos el relato que da título a esta pequeña colección, y otros tres relatos más cortitos. La boda con la que nos engatusa el título es la de dos jóvenes prometidos que se reencuentran en el sótano de una cárcel, justo a tiempo para cumplir su sueño de ser marido y mujer. Es una mezcla de ternura y horror; de la insignificancia y, a la vez, la trascendencia que posee el alma humana.

Además, nos ofrece unas imágenes que el lector tardará en olvidar y, aunque son historias tristes, disfrutamos de la delicadeza de la narración.

Mi próximo objetivo serán los Diarios del autor, como supongo que el de muchos de vosotros. No soy asidua lectora de recopilaciones de cartas y diarios de autores, en general, pero últimamente tengo en mi lista cada vez más libros de este tipo, como la correspondencia de las Brontë, o de Jane Austen, por ejemplo.

¿Soléis leer estas publicaciones más personales de vuestros autores de cabecera?

Título: Una boda en Lyon
Autor: Stefan Zweig
Traductor: Berta Vias Mahou
Editorial: Acantilado
ISBN: 978-84-17902-25-4
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Páginas: 80
Precio: 10€

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Tomen nota, hagan el favor, porque no suelo reseñar apenas ninguno de los libros de divulgación que leo y, si lo hago, es por algo.

 

La noche antes del examen hay que acostarse pronto y venir al día siguiente fresco como una lechuga.

Estas son las palabras de mi profesora de Química del instituto, y es curioso cómo funciona la memoria, porque ese “fresco como una lechuga” no se lo he oído a nadie más, y supongo que lo recuerdo precisamente porque ese día yo estaba fresquísima en clase.

Nunca me he pasado la noche estudiando para un examen; siempre me he levantado a la misma hora por las mañanas; prefiero salir a comer y no a cenar, porque sé que tras una cena más abundante de mi ensalada habitual voy a dormir peor; y jamás me he quedado hasta las tantas viendo series o películas en el sofá.

¡Y todo esto sin haber leído este libro!

En Por qué dormimos, nos encontramos con insvetigaciones sobre todo lo que rodea al sueño, y es curioso ver que esta función biológica está perdiendo el aura de misterio que la rodeaba: ahora sabemos muchísimo más sobre el sueño. En primer lugar, explica lo que todos más o menos intuimos sobre la absoluta necesidad de dormir para seguir vivos (no en vano la privación del sueño es un método de tortura), los ritmos circadianos y su regulación hormonal, así como las fases del sueño y los cambios en todo ello con la edad.

También nos explica cuáles son las enfermedades asociadas a la falta de sueño (cáncer, infartos, enfermedades mentales), y los efectos menos drásticos pero igualmente importantes de dormir poco, como son la irritabilidad constante, los accidentes de tráfico, la menor capacidad de retener datos en la memoria, etc. Y termina dándonos consejos para dormir bien y mejor: el autor considera prioritario acostarse y levantarse todos los días a la misma hora, dándote la oportunidad de estar en posición horizontal durante al menos 8 horas cada noche.

fuente

Es una lectura muy ilustrativa que combina los experimentos que Matthew Walker realiza en su “laboratorio del sueño” en la Unviersidad de California con las conclusiones que saca para el gran público. La influencia del sueño en la salud (o la falta de ella) es interesantísima, hasta el punto de que el autor cree necesario que se trate no solo una enfermedad concreta, sino la mejora de la calidad del sueño de los pacientes, incluidos los hospitales que, en lugar de templos del descanso y la recuperación, ve como centros de pitidos, conversaciones e interrupciones constantes. También me he quedado fascinada con todos los estudios sobre el sueño y la capacidad de aprendizaje y, si sois estudiantes como yo, os recomiendo que estudiés una misma asignatura en bloques pequeños pero durante más días, en lugar de hacerlo en menos días pero más horas cada día: el sueño de un número mayor de días es beneficioso para que la materia se quede en la memoria.

El libro me ha hecho cambiar un único hábito de mi vida, y es que recomienda dejar de beber té y café, cuyos efectos duran muchas horas, y alteran el sueño incluso si te lo tomas solamente por la mañana. He dejado de tomarlos durante casi dos meses, y he notado que tardo mucho menos en dormirme por las noches. La verdad es que no he tenido que cambiar nada más porque ya seguía los demás consejos del libro.

En fin, una lectura que puede llevaros a replantear vuestras prioridades, y me parece ideal para la vuelta al cole y sus propósitos. La verdad es que dormir es algo tan natural que impacta reconocer que somos la única especie de este planeta que se priva a propósito del sueño que necesita.

Título: Por qué dormimos
Título Original: Why we sleep
Autor: Matthew Walker
Traductores: Olga Begoña Merino, Pablo Romero, Estela Peña Molatore
ISBN: 978-84-120645-2-0
Páginas: 422
Precio: 22€

 

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Al enviudar, la señora Muir tiene clarísima una cosa: no dejará que nadie tome decisiones por ella, pues han sido su marido, su cuñada y su suegra los que hasta ahora han llevado el timón de su vida. Por desgracia, su marido la ha dejado en una pobre situación financiera, así que la primera decisión de esta su nueva vida ha de ser una mudanza a un lugar más económico.

Gull Cottage es una casa estupenda para la señora Muir y sus hijos, pero la bajísima renta que se pide por ella esconde un minúsculo incoveniente: en ella vive el fantasma de su anterior propietario, el capitán Gregg. La señora Muir, lejos de dejarse amedrentar precisamente ahora, decide instalarse en la casa y enfrentarse a todo el más allá, si hiciera falta. Después de una ardua negociación entre el espectro del capitán y la señora Muir, ambos consienten en tolerarse mutuamente, en una relación que se afianzará con los años y que es la delicia de la historia.

La señora Muir es una mujer apacible y cariñosa, y por eso sus conocidos se sorprenden de su cambio de carácter cuando enviuda y decide mudarse; pero no es que Lucy Muir cambiara, sino que es entonces, por primera vez, cuando puede ser ella misma. Por otra parte, tenemos al capitán, este ser del otro mundo que es brusco pero honrado; un hombre de mar con unos modales muy diferentes de los de Lucy, pero que harán que ambos congenien a la perfección y, unidos, sean capaces de enfrentarse a los problemas que, con los años, surgirán en la vida de la señora Muir.

El fantasma y la señora Muir lo encuadro en un género literario que tengo en mi repertorio como “feelgood inglés de principios del siglo XX“. Sé que es un nombre larguísimo y que debería buscar algo más breve, pero seguro que conocéis la sensación que transmite: esas historias que son entrañables y divertidas a un tiempo y que se encuadran en aquella época, como por ejemplo Adiós, Señor Chips, o Recuerdos de un jardinero inglés.

Las aventuras de la señora Muir a lo largo de los años son muy simpáticas: ella es recatada y apacible, y el capitán es un hombre de acción que ha recorrido todo el mundo, así que juntos forman una pareja muy animada que acaba en situaciones en las que Lucy ha de ingeniárselas para salir airosa.

En fin, una lectura ligera y placentera, y muy recomendable.

Título: El fantasma y la señora Muir
Tïtulo original: The Ghost and Mrs Muir
Autor: R.A. Dick (pseudónimo de Josephine Leslie)
Traductor: Alicia Frieyro
Editorial: Impedimenta
Encuadernación: Tapa blanda con sobrecubierta
ISBN: 978-84-17553-75-3
Páginas: 224
Precio: 20,50 €

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Uno podría pensar que llega ya demasiado tarde a leer un clasicazo con Jane Eyre, y sí, tendría razón. Me he resistido a leer esta novela hasta que no me ha quedado otro remedio, por ser lectura obligatoria para una de las asignaturas que estoy cursando, pero no lo habría demorado tanto si hubera sabido lo mucho que me iba a gustar.

La historia es conocida por todos, supongo. Jane, una niña huérfana criada por una tía que la aborrece, acaba en un internado donde el cariño, así como la comida, son bienes escasos. Tras formarse y empezar a trabajar como maestra, ansía salir de la jaula que es su vida, y obtiene una posición como institutriz en Thorfield Hall, una gran mansión en la que le aguarda el que será su gran amor, pero también el secreto que este hombre, Edward Fairfax Rochester, guarda en el ático.

De Jane Eyre hay tantísimo que comentar, que no sabría por dónde empezar. Por el horror del internado, por ejemplo, y la doble moral religiosa que este encarna y que, sabemos, es una réplica literaria del colegio donde la propia autora estudió y en el que dos de sus hermanas perecieron debido a las condiciones infrahumanas en las que vivían las niñas. O por la desventaja de que alguien como Jane, huérfana y sin ningún pariente que la acoja, se vea abocada a buscarse la vida, sola. Ya sé que eran otros tiempos pero, ¿os atreveríais a ir a trabajar a un lugar extraño, oscuro y alejado de la civilización, sin tener a nadie en el mundo que se preocupara por vosotros?

Estaba tentada de criticar un poco a Jane, que trabaja porque necesita sustento, claro, pero que aborrece su trabajo de institutriz por considerarlo muy por debajo de su capacidad e inteligencia. Ella cree que está desperdiciando el tiempo y que realmente debería dedicarse a otras ocupaciones intelectuales que la satisfagan más; y es esto lo que ocurre en cuanto Jane se convierte en una mujer rica: se dedica con sus primas a estudiar idiomas, a dibujar y, en fin, a objetivos mucho más elevados. Y, ¿quién soy yo, queridos, para criticar aquello que también ansío? ¿Quién no querría una herencia de un tío rico en América, solo para dedicar los días a leer y cultivarse?

La parte del libro en la que convive con sus primos me resultó muy interesante también, ya que es la más desconocida y, sin embargo, ahí tenemos un ejemplo clarísimo de violencia psicológica de St John hacia Jane: ella le aprecia y quiere tener una buena relación con él, como parientes, mientras que St John la castiga con silencios y gestos mínimos de desprecio dedicados en exclusiva para que ella los detecte pero no así sus primas, por haber rechazado su propuesta de boda.

Y es cierto que no es una novela redonda; que Jane hereda muy convenientemente un dinero que la permite acceder a Rochester en pie de igualdad, sí, pero también que tenemos a una protagonista que se enfrenta a la vida al descubierto, sin nada ni nadie en quien apoyarse, y que es capaz de mantenerse firme y fiel a sí misma. Y al final es ella la que tiene todo que ofrecer a un Mr Rochester desamparado pero que, como hiciera él antes, es aceptado por Jane sin más consideración que el amor que se profesan.

Reader, I married him.

Me he quedado con muchas ganas de seguir leyendo las novelas de Charlotte Brontë, y alguna biografía, tal vez.

Dejo aquí los datos de la edición de Alianza, la misma que he utilizado para la imagen de esta reseña.

Título: Jane Eyre
Autor: Charlotte Brontë
Editorial: Alianza Editorial
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 978-84-9104-896-1
Páginas: 656
Precio: 12,95 €

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El título puede llevar a error, por lo que comenzaré diciendo que es un libro de divulgación científica, y no de ciencia ficción.

Alanna Collen es doctora en Biología, y en este primer libro de no ficción para el gran público trata de explicar la relación entre nuestra microbiota, es decir, las bacterias que viven dentro y fuera de cada uno de nosotros, y el aumento estratosférico de enfermedades que, hasta hace pocas décadas, eran prácticamente desconocidas.

Enfermedades y trastornos como el autismo, el asma, la celiaquía, o la obesidad son cada vez más frecuentes, sin que se puedan achacarse a la transmisión hereditaria de los mismos, y los estudios científicos que se llevan a cabo coinciden en detectar ciertos cambios en la microbiota de las personas que los padecen. Lo que se conoce como “estado inflamatorio” es el denominador común en muchas de ellas y comienza, en muchos casos, en nuestro aparato digestivo que, por una disbiosis de lo que se considera normal, se ve colonizado por bacterias que no cumplen como deberían su función fisiológica, de simbiosis, con nuestro organismo. Pero no solo se habla del aparato digestivo; también, por ejemplo, de la importancia de la lactancia para fomentar la colonización de ciertas bacterias “de las buenas” en los recién nacidos, dado que estas “viven” en los conductos de la leche; o los riesgos de una cesárea en respecto a la falta de contacto del bebé con la vagina, que también cumple una función en la colonización del recién nacido.

El título, 10% Humanos, hace referencia a que tan solo ese porcentaje del total de nuestro cuerpo son células eucarióticas (en número, no en peso), mientras que el resto son bacterias sin las cuales no podríamos vivir. Y precisamente el libro es una llamada de socorro ante prácticas que deberían erradicarse, como por ejemplo los tratamientos con antibióticos “por si acaso”, sin un diagnóstico totalmente fiable de una infección bacteriana, y en especial en niños, pues las disrupciones de la microbiota intestinal a edades tempranas pueden provocar trastornos para el resto de la vida.

Es un libro muy esclarecedor e informativo de por dónde van los tiros en la actualidad en medicina respecto al origen de afecciones que tratamos con una serie de pastillas que ayudan, pero que no solucionan la causa. Parece ser que la secuenciación del ADN no ha traído todas las respuestas que imaginábamos, y vamos a tener que indagar mucho más adentro.

Creo que es un libro asesquible para cualquier lector, tenga o no conocimientos de biología aunque, obviamente, habla de géneros bacterianos, moléculas, sistema nervioso y sistema digestivo… Pero todos hemos estudiado Biología en el instituto, así que espero que no sea un obstáculo para que lo leáis. Os va a dejar bastante impresionados.

Título: 10% Humanos
Autor: Alanna Collen
Editorial: RBA
ISBN: 978-84-9056-663-3
Páginas: 416
Precio: 18€

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¿Alguna vez has tenido la tentación de plantarte en un lugar desconocido y empezar allí de cero, borrón y cuenta nueva, dejando atrás todo tu vida anterior? Es exactamente lo que hace el protagonista, Pablo, en las primeras páginas de la última novela de Rosa Montero.

Pablo no había planeado huir así, sin más, pero acaba en Pozonegro, un pueblo en franca decadencia, y metáfora del calvario que ha venido sufriendo durante años. Siendo un arquitecto reconocido en el panorama internacional, la intriga de la novela está servida, pues no huye de asuntos turbios relacionados con el dinero negro, el tráfico de influencias de las altas esferas políticas, o cualquiero otra actividad de dudosa legalidad que podamos imaginar sobre un personaje como él. Y así las cosas, gracias a una de esas vecinas que no intentan más que ayudar, Pablo, el famoso arquitecto, acaba trabajando en el supermercado del pueblo. De reponedor.

El elenco de personajes, pese a que pueden parecer algo estereotipados, redondean la novela, en especial esos monólogos internos (y externos) que se disfrutan como si de pipas se tratara; nunca tienes suficientes. Raluca, la vecina que se considera la persona más afortunada del mundo, siendo en realidad su historia triste y humilde, pero su alegría contagiosa. O Benito, ese tipo que le vende un piso cochambroso a Pablo, sacando un beneficio mucho más alto que el que le correspondería, pero que quiere más, y no a costa de transacciones honradas.

Sin embargo, la trama real, el foco del problema que ha llevado a Pablo hasta Pozonegro, es mantenido cuidadosamente fuera del radar del lector hasta bien avanzada la novela. No es un tema inédito, pues ha sido tratado ya en libros y películas muy conocidas, pero creo que es algo con lo que la autora quería enfrentarse: la maldad. La maldad pura, esa cuyo origen no se vislumbra; actos sin una causa o una explicación, más que su mera existencia emanando de personas escogidas que acaban destrozando todo a su paso mientras el resto del mundo nos preguntamos el porqué.

La buena suerte es una novela sobre la maldad, pero también sobre la bondad. Creo que la autora enfrenta estos dos elementos de manera magistral, pues en la novela (y en la vida) no hay un origen del que emane el mal, pero tampoco hay un origen del que emane el bien y, sin embargo, hay personas buenas que, sin ninguna razón para hacer su bien, aparte el dictado de su propia naturaleza, hacen la vida más luminosa.

—Mira, a mi edad he llegado al convencimiento de que la gente no se divide entre ricos y pobres, negros y blancos, viejos y jóvenes, moros y cristianos —dice al fin—: No. En lo que se divide de verdad la humanidad es entre buena y mala gente. Entre las personas que son capaces de ponerse en el lugar de los otros y sufrir con ellos y alegrarse con ellos, y los hijos de puta que sólo buscan su propio beneficio, que solo saben mirarse la barriga. Esos que son capaces de vender a su madre, ya me entiendes.

Me ha parecido una novela preciosa. Mantiene muy bien la tensión y hace disfrutar al lector con todos los personajes, y contiene ese punto sobre el que reflexionar mezclado con la buena onda de un final un tanto previsible, pero que deja satisfecho al lector.

Título: La buena suerte
Autor: Rosa Montero
Editorial: Alfaguara
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-204-3945-7
Páginas: 325
Precio: 19,90€

 

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Cuando adquieres libros de segunda mano por internet eres consciente de la posibilidad de recibir libros viejitos, amarillentos y algo ajados, pero no creo que os hayáis encontrado jamás con algo así:

Pasada la conmoción inicial (como nuevo, con pequeñas marcas de uso), y habiendo comenzado la lectura nada más recibirlo, me he visto inmersa tanto en la propia novela (Jane Eyre) como en el profundo estudio que la anterior propietaria realizó sobre cada página del libro (me la imagino mujer, por esa letra tan pulcra de muchas de las anotaciones), y cuyas notas leo yo ahora, en otro país, en otra década, con gran interés.

Se me amontonan las preguntas: ¿cómo hay que leer? ¿De qué manera podemos exprimir más cada lectura? ¿Cómo recordar después lo que aprendemos en cada libro? ¿Es legal escribir en los márgenes y subrayar párrafos en fosforito? Espero que, al menos, todos coincidamos en que es necesaria la instauración de la pena capital para el que lo haga sobre los libros de las bibliotecas.

Hay lectores que transcriben citas interesantes, otros que escribimos reseñas sobre lo que leemos, e incluso hay sistemas un poco más sofisticados: he escuchado el caso de un autor que escribe o subraya pasajes en el propio libro y dobla la esquina de esas páginas, de tal forma que más adelante puede acceder a ellas de forma rápida sin tener que pasarlas una a una. Desde luego, todos estos procederes mejoran, en mi opinión, la experiencia lectora, pero resulta que nuestros antepasados ya nos habían tomado la delantera en cuanto a recopilar conocimiento, y es precisamente lo que quiero enseñaros:

El commonplace book

El commonplace book es un cuaderno donde uno va depositando ideas nuevas que se encuentra en libros, cuestiones que considera importantes, poesías sobre un tema de su interés, citas sobre las que reflexionar… Y todo ello de una manera estructurada; siguiendo un orden. El propio acto de elaborar este tipo de cuaderno tiene su propio verbo en inglés: commonplacing.

(Siento no poder ofreceros un nombre en español —Evernote lo llama “cuaderno de apuntes”. Naaah, no me convence— pero es que no he encontrado ninguna referencia a algo remotamente parecido en nuestro idioma. Se agradece iluminación al respecto.)

El commonplace book era usado ya en tiempos pretéritos: las Meditaciones de Marco Aurelio son citas e ideas recopiladas en su commonplace book. En latín, por cierto, nos encontramos con el concepto análogo de loci comunes, lugares o conceptos básicos, comunes, sobre un tema más amplio, que puede abarcar desde la repostería hasta la ornitología.

A partir del siglo XV el papel se convierte en un bien más accesible, y la aparición de la imprenta impulsa la transmisión del conocimiento a través de los libros. Cada vez más personas saben leer y escribir, y se forman en diferentes áreas —filosofía, poesía, historia o ciencias naturales— lo que hace indispensable disponer de un sistema para almacenar todo ese conocimiento que se va adquiriendo a lo largo de los años, y volver a él cuando sea necesario. La práctica del commonplacing florece en la Gran Bretaña en los siglos XVI y XVII, y se llega a considerar un arte tan vital para la formación integral de la persona que se enseña como asignatura en las universidades.

Incido en la idea de estructurar y ordenar toda esa nueva información para futuras referencias, porque es lo que diferencia al commonplace book del diario o del cuaderno del escritor: estos últimos son cuadernos que se escriben de forma cronológica y, por tanto, requieren ser leídos desde el principio para acceder a una idea concreta que has plasmado en ellos, mientras que el commonplace book está estructurado por temas de tu interés, bajo los cuales has recopilado información relevante.

Las citas, por supuesto, deben ser recopiladas a gusto del consumidor. Cada commonplace book es único y refleja los intereses de su propietario y su proceso de aprendizaje individual. El Oxford Dictionary nos indica que el contenido se compone de pasajes o argumentos compilados con el fin de ser aprendidos o de que sirvan como posterior referencia. Con un poco de imaginación, sobre todo si tenéis alma vintage, os imaginaréis en el salón de té citando un pasaje literario para iniciar un debate o conversación con las damas y caballeros que frecuenten lo frecuenten. O, quizás, utilizar una cita de vuestro commonplace book para desarrollar vuestras ideas acerca de la misma en vuestro diario. O transcribir poesías y aprendértelas para luego recitárselas a tu pareja entre las sábanas (he estado leyendo a Lord Byron últimamente, disculpad).

Y, llegados a este punto, comencemos la parte práctica, eso es, cómo se estructura el commonplace book. Aquí la tecnología ha venido en nuestra ayuda y nos facilita muchísimo el hacer un índice de temas en cualquier aplicación (OneNote, Evernote, etc.), escribir lo que consideremos relevante, y hasta tirar la casa por la ventana incluyendo imágenes, gráficos e hipervínculos. Aquí tenéis un ejemplo sobre cómo elaborar un commonplace book en OneNote.

Reconozco que es tentador esto de usar una de esas aplicaciones incluidas en el paquete de Microsoft y a las que nunca he sacado utilidad; pero, por otro lado, soy de las nostálgicas que siguen escribiendo cartas y que tienen una agenda de papel así que he indagado sobre otras formas más tradicionales para elaborar el commonplace book.

La primera, y más intuitiva, consiste en utilizar una agenda o archivador de anillas. Con separadores por temas, y por orden alfabético, es muy fácil incluir hojas en el archivador según se necesiten para nuevas “entradas” sobre nuevos conceptos.

Otra opción es el método propuesto por autores como Ryan Holiday y Robert Greene, que anotan citas en fichas que colocan en un cajón ordenado por temas, al estilo de los catálogos o ficheros que se utilizaban en las bibliotecas antes de que hubiera ordenadores, solo que con citas en lugar de información sobre cada volumen. En lugar de un “libro”, realmente tendrías un fichero, pero la esencia es la misma.

No obstante, mi sistema preferido, por su originalidad y sencillez, es el que John Locke explica en su “Método para la elaboración de commonplace books” (A New Method of Making Common-Place-Books). La clave de Locke recae en su particular índice:

Al principio no me aclaraba bien con el índice, así que os facilito una imagen “moderna” por si alguien tiene las mismas dudas que yo:

Imaginad que queremos anotar una cita sobre el tema “espacio”: vamos a la primera letra de la palabra (E), y a la línea de la primera vocal tras la letra inicial (A: EspAcio). Si en esa línea no hay ningún número, significa que no hay ninguna página ya iniciada con palabras que cumplan esas características (por ejemplo, EmpAtía o EscAlada), así que abrimos el cuaderno por la primera página en blanco (están todas numeradas), escribimos en el margen el tema de nuestra cita, “espacio”, y la transcribimos. A continuación, apuntamos el número de la página en el índice y, a partir de ahora y hasta que la completemos, esa será la página de las palabras que empiecen por E y cuya siguiente vocal sea la A.

A la hora de consultar nuestras notas sobre el “espacio”, abriremos el índice, veremos la página (o páginas) donde se encuentra E-A, e iremos directos a esas páginas.

No es un método perfecto, y fue criticado en su momento, porque en la misma página encontraremos temas dispares (espacio, empatía, escalada, etc.) pudiendo, además, encontrarse un mismo tema repartido en varias páginas no consecutivas. Pero no me negaréis que propone una solución muy imaginativa al problema de reservar alfabéticamente las páginas del cuaderno, para evitar que se queden algunas en blanco, u faltar espacio en otras y que nos obligue a romper el orden.

Como decía, el índice de Locke me ha conquistado, aunque confieso que veo más práctico el archivador con anillas, que permite introducir, eliminar, o incluso ampliar todo el libro si necesitas más espacio, pasándolo a uno con más capacidad, o dividiendo el abecedario entre dos archivadores.

Y, volviendo al inicio de este email, creo que la anterior propietaria de mi Jane Eyre no era candidata a poseer un commonplace book: hubiera necesitado horas y horas copiando los innumerables párrafos que ha resaltado, la pobre.

Contadme, ¿os ha entrado la necesidad, como me ha sucedido a mí, de empezar vuestro commonplace book, o ya teníais vuestras citas y pasajes favoritos bien ordenados y referenciados?

 

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