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A decir verdad, no soy mucho de releer libros que no sean La princesa prometida, pero he hecho una excepción a mi propia regla porque la semana pasada sucedió esto:

Me encantó El pasaje y, por alguna razón, nunca leí Los doce ni La ciudad de los espejos, así que el estreno de la serie este otoño ha sido la excusa perfecta para regresar a este mundo postapocalíptico que tanto disfruté en su día.

Empecé la (re)lectura un poco preocupada por si el libro no me gustaba tanto como la primera vez, pero todos mis miedos eran infundados: ¡no puedo parar de leer! Estoy disfrutando como una enana de nuevo con Amy, Lacey y Wolgast y, aunque sé a grandes rasgos cómo se desarrollarán los acontecimientos, disfruto de todos esos detalles que ya había olvidado.

Por si fuera poco, lo voy comentando con Osheaa, y me presta todavía más, porque sé que las dos estamos sufriendo en compañía. Si alguien quiere unirse a nosotras será bienvenido.

Y ahora que hablamos de leer en compañía, os confieso que echo de menos las lecturas conjuntas. Y las lecturas, en general. Estoy pasando por una época de muchísimo estudio y trabajo que me impide leer todo lo que me gustaría… Albergo esperanzas de pasar un verano de placer lector y otros placeres varios que no vienen a cuento ahora 😉

Comentar también que estoy haciendo unos resúmenes con el fin de que las personas que no puedan o quieran releer El pasaje puedan ir recordando la historia de cara a los siguientes volúmenes de la trilogía, así que si a alguien le interesa recibirlos solo tiene que enviarme un email.

Y, tras tocar todos los temas inconexos que me han venido a la mente, me despido por hoy. Espero que vuestras lecturas os absorban y os lleven lejos, muy lejos.

En Querido, quería contarte, me he encontrado con una novela sobre la Primera Guerra Mundial que me ha parecido impresionante al tocar temas que no había leído en otros libros, pero que no me ha acabado de convencer, y no sé por qué; quizás porque no he conectado con el estilo de la autora pero, en todo caso, hace que escribir esta reseña me esté resultando harto difícil.

Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, Riley, un joven pintor de 18 años, decide alistarse más que nada por escapar de la trampa de las clases sociales, pues está enamorado de Nadine, una chica de una clase superior a la suya, y ya ha sido advertido por los padres de ella de que su relación no puede llegar a más. Nadine, por su parte, sintiéndose sola e inútil ante estas circunstancias que la sobrepasan, acaba trabajando en un hospital como enfermera de guerra.

Por otra parte tenemos a la familia de los Locke, Peter y Julia, también de una clase social alta, que se ven asimismo separados por la guerra, perdiendo Julia su razón de ser en la vida: toda su existencia gira en torno a atender las necesidades de su marido, al que tardará años en volver a ver.

Louisa Young nos habla del cambio que sufre la sociedad inglesa durante el conflicto. Tenemos a las madres que, hasta ahora, solo se preocupaban de elegir un buen marido para sus hijas y, de repente, ven con pavor la escasez de hombres y no comprenden la determinación de la nueva generación de muchachas jóvenes de convertirse en enfermeras, de trabajar, de abandonar una vida entre algodones para ayudar en medio del horror. Sientes pena al ver que algunas, como Julia, no consiguen adaptarse a la nueva situación, mientras que hay mujeres que ven en este cambio que un futuro lleno de posibilidades se abre ante sus ojos.

También la guerra tiene consecuencias para los soldados que sobreviven, y así nos lo cuenta la autora a través de sus personajes masculinos. Hay algunos hombres que volverán a casa intactos por fuera, pero con graves problemas psicológicos a los que nadie sabe poner remedio. Otros llegarán inválidos, y aquí la autora hace un trabajo excelente al explicar los inicios de la cirugía plástica a través de uno de sus personajes. Son descripciones bastante explícitas de las operaciones, del aspecto que tenían los pacientes que habían perdido partes de la cara, del tratamiento que debían seguir, y de lo duro que fue para estos hombres el sobreponerse a ver esa imagen deformada de sí mismos que a partir de entonces les devolvía la mirada cada día en el espejo.

Como comenté arriba, es un libro que relata aspectos el conflicto que me han impresionado, pero creo que me ha faltado sentir esa conexión entre los personajes que hace que te encante. Por eso os recomiendo la novela; creo que ha sido una cuestión totalmente subjetiva y que puede ser un libro que otras personas lo encontrarán de 10.

Título: Querido, quería contarte
Autor: Louisa Young
Traductor: María del Mar López Gil
Editorial: Suma de letras
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-8365-380-7
Páginas: 420
Precio: 20€

Curioseando por la biblioteca me encontré este cómic, La levedad, cuya autora, Catherine Meurisse, es una de las dibujantes que trabajaba en la revista Charlie Hebdo cuando tuvo lugar el ataque terrorista en enero de 2015 pero que, por un golpe de suerte, llegó tarde al trabajo ese día.

En esta novela gráfica, la autora relata la depresión que sufrió tras el ataque, al perder a sus compañeros de trabajo de más de diez años de la manera más cruel y absurda, y cómo su vida cambia en los meses posteriores al atentado. Es muy triste ver que, de repente, todas las manifestaciones artísticas que antes la proporcionaban felicidad -la literatura, la pintura, la escultura- dejan de tener ningún significado para ella o, si lo tienen, es siempre macabro e insoportable.

En fin, Meurisse relata un viaje interior que durará meses hasta que pueda, por fin, volver a ser ella misma, aunque con la ausencia de las personas que la habían acompañado hasta este momento.

Título: La levedad
Autor: Catherine Meurisse
Traductor: Lluís Maria Todó
Editorial: Impedimenta
Edición: Tapa dura
ISBN: 978-84-16542-85-7
Páginas: 135
Precio: 24,95 €

¿Os ha pasado alguna vez que los libros que te recomienda una determinada persona te dan una pereza terrible, pero resulta que te acaban encantando? A mí me pasa con las recomendaciones de mi consorte, Mork.

Esta es una de ellas.

El guerrero a la sombra del cerezo cuenta la historia de dos personajes: por un lado, el castillo de los Ikeda sufre un ataque conjunto de los clanes enemigos, pereciendo todos sus habitantes excepto Seizo Ikeda, el hijo pequeño del jefe del clan, que es rescatado por el más leal de los samuráis de la ahora extinta la guardia señorial. Así comienza una nueva vida para este niño, una vida que deberá dedicar a la venganza bajo la tutela del mejor de los maestros guerreros.

Alternando con los capítulos de Seizo, nos encontramos otros en los que el protagonista es Ikei Inafune, un médico al que su señor le encarga la peligrosa tarea de convertirse en espía en casa de sus enemigos, jugándose la vida en caso de llegar a ser descubierto. Pero, ¿quién puede negarse a los deseos de su señor?

El autor consigue transportarte a este Japón medieval lleno de aventuras, combates, muerte, lealtad y honor, con unos personajes protagonistas que se hacen querer y a los que el lector no quiere perder la pista. El autor, David B. Gil, te va introduciendo poco a poco en este mundo, desconocido para mí, haciendo incluso que llegues a familiarizanrte con algunas palabras japonesas, creando así parte de la ambientación de la historia. Porque no es lo mismo desenvainar la daisho que desenvainar el sable, ¿verdad? Además, he disfrutado muchísimo con las dos historias, sin encontrar ninguna más floja que la otra; tan solo deseando avanzar para conocer cómo iban a coincidir ambos personajes al final pero, a la vez, intentando alargar lo más posible el placer que me provocaba la lectura de esta novela.

Es una maravilla que caiga en tus manos una historia totalmente desconocida, de la que hubieras sido reacia a leer, incluso, pero que al final te atrapa sin remedio. Se me escapaban las lagrimillas al final, os confieso, de la pena que me daba acabar la historia y despedirme de Seizo y Ekei…

Título: El guerrero a la sombra del cerezo
Autor: David B. Gil
Editorial: Suma de letras
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-9129-130-5
Páginas: 800
Precio: 18,90 €

 

Este post puede resultar un tanto extraño a las personas que me conocen, o quizás todo lo contrario, precisamente porque me conocen. El caso es que he comprado dos de mis libros favoritos:

La princesa prometida, de William Goldman: es una nueva edición que acaba de publicar la editorial Ático de los Libros e incluye las introducciones al 25º y al 30º aniversario, así que no vi ninguna excusa para que no pasara a formar parte de mis estanterías. Seguro que me comprendéis.

El regreso, de Rosamunde Pilcher: un poco más justificada que la compra anterior fue la de esta novela que me encantó cuando la leí pero fue un ejemplar prestado de la biblioteca así que, desde entonces, siempre he querido tener un ejemplar propio. Lo compré de segunda mano en wallapop, y creo que, de todas formas, intentaré cambiarlo por un ejemplar en edición rústica, que es la que realmente me apetece tener. Mientras tanto, a falta de pan…

*****

Como véis, son libros que os recomiendo, y buena prueba de ello es este post: son dos libros que ya había leído y que he comprado, a pesar de todo, porque se merecen un hueco en mis estanterías.

Contadme, ¿vosotros también compráis libros ya leídos que os han encantado y os apetece tener?

Este es uno de los libros que más he disfrutado de los que llevo leídos este año. Quizás influenciada por mi recién estrenado título de graduada en Derecho, lo cierto es que me apeteció leerlo desde el momento en que lo vi, y no me ha defraudado.

El protagonista de Por ley superior es Roberto Doni, fiscal en la hermosa ciudad de Milán, a punto de jubilarse ya, y deseoso de pedir un traslado para vivir su última etapa laboral en un lugar no muy alejado pero más tranquilo que una gran ciudad. Trabajando en una apelación sobre el caso de un inmigrante tunecino que disparó a una pareja italiana, recibe información sobre la inocencia del condenado: Elena, una joven periodista, asume como propia la cruzada de poner en contacto a Doni con ciertas personas que aseguran que el acusado no estaba en aquel lugar cuando sucedieron los hechos.

Parece un caso sencillo: comprobar la inocencia de Kahled y, si procede, absolverle, pero no es así. Para empezar, el hombre ha confesado ser el autor del crimen, así que Doni y Elena se adentran en “el otro Milán” para esclarecer los hechos. Vislumbramos la tristre realidad del submundo en el que este hombre trataba de salir adelante; las amenazas veladas, la corrupción policial y, lo que más me apenó de la novela, la incapacidad de la justicia para hacer frente a todo ello, pues su función se limita a encontrar un culpable y condenarlo, sin ahondar en los problemas subyacentes que originaron cualquiera de los crímenes que se juzgan.

Es una novela no muy larga que avanza con un ritmo pausado, siempre jugando con la dicotomía entre Doni y sus “problemas del primer mundo” y los viajes orquestados por Elena a otros barrios, casi otros mundos, para esclarecer el caso de Khaled. También juega con el contraste entre la tranquila vida del protagonista y la energía de Elena para alcanzar los ideales de justicia que, en teoría, Doni debería servir.

Es uno de esos libros de apariencia y lectura sencillas que acaban dejando poso en el lector. Os dejo con la que creo que es la frase central del libro:

Hágase justicia, aunque perezca el mundo.

Título: Por ley superior
Autor: Giorgio Fontana
Traductor: Carlos Manzano
Editorial: Libros del Asteroide
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-17007-23-2
Páginas: 265
Precio: 18,95 €

Cómics – Marzo 2018

¡Otra vez estoy reseñando cómics! No lo puedo evitar: hay épocas en que me paseo por la biblioteca y saco prestados unos cuantos cómics prácticamente al azar, ya sea porque me llama la atención el título, la portada, o los dibujos al hojear sus páginas.

No siempre acierto, lo confieso, pero este género me presta cada vez más. Podría deberse a que el pasillo de los cómics es un lugar inexplorado para mí; no tengo referencia alguna sobre los títulos que aparecen esos lomos, y se me pasa el tiempo volando mirando unos y otros, tratando de escoger cuál se vendrá a casa en esta ocasión.

Hoy os hablaré de los tres últimos que he leído:

Sansamba, de Isabel Franc y Susanna Martín

Este es, sin duda, mi favorito de los tres. Cuenta la historia de un chico senegalés que, como tantos otros, emigra a nuestro país en busca de un futuro mejor para él y su familia. Tras un “viaje” en patera y varios traslados por la geografía española, acaba en Barcelona, donde intenta buscar un trabajo con el que mantenerse y, por pura casualidad, llama a la puerta de una mujer de mediana edad que necesita una pequeña ayuda para adecentar el jardín.

Comienza entonces una relación de amistad muy especial entre los dos: ella le procura pequeños trabajos en las casas de sus amigas y le ayuda a batirse en duelo con la burocracia para conseguir los famosos “papeles” y él, con toda su buena voluntad, la invita a visitar su país y conocer a sus familiares en su pequeño pueblo.

El choque cultural es brutal, y es lo que hace la historia tan intersante. A veces dudas de que se estén entendiendo ambos personajes, pero es una historia sobre superar los prejuicios, no sobre moldear a otra persona para que se parezca culturalmente a ti. Muy recomendable, y eso que está muy -pero que muy- fuera de mi zona de confort.

Abandonos, de Andi Watson

Abandonos me gustó un poquito menos. La pareja protagonista se conoce en una fiesta y comienza una relación que no funciona demasiado bien. Cada uno de los personajes tiene sus manías, que a los ojos del otro no son más que bobadas sin importancia, con lo que nunca llegan a entenderse del todo.

Mirad, os voy a hacer spoiler: al final acaban juntos y bien, pero precisamente por eso no me convenció esta historia, porque tienen tan poco interés por las pasiones del otro, que yo creo que lo mejor es que estén con otras personas con las que tengan más cosas en común.

Miércoles, de Juan Berrio

Este es un cómic curioso, porque no trata de nada y, sin embargo, no está del todo mal.

Simplemente relata los acontecimientos de un miércoles en un barrio cualquiera. Diferentes generaciones, diferentes situaciones con personas alegres, personas tristes, vecinos que se llevan bien, vecinos que se llevan mal, parejas que nunca logran mantener una conversación, perros que visten como sus dueños… No puedo decir que me haya encantado, es cierto, pero tiene escenas entretenidas que van enganchando al lector.

Eso sí, lo que no me convenció es el cancionero que viene al final; totalmente prescindible para mi gusto.

*****

Y bien, hasta aquí los cómics que he leído esta temporada. Se avecina una nueva incursión en este pasillo tan especial de la biblioteca 😉

 

Llevo una temporada escuchando audiolibros en inglés; libros sobre organización, fuerza de voluntad, etc. (ya lo habéis ido viendo en el blog durante los últimos meses) y, al terminar uno, me dejaba recomendar por GoodReads para escoger el siguiente, hasta que me topé con Organízate con eficacia, en inglés Getting things done, abreviado como GTD (GiTiDi), de David Allen. Lo he descubierto con muchos años de retraso, pero lo he descubierto, que es lo importante.

Y os digo una cosa: lo terminé e inmediatamente lo volví a empezar. Porque me ha parecido que la solución que nos ofrece David Allen hay que tenerla en cuenta.

Veréis, esto no es un libro de autoayuda que nos dice que hay estudios que demuestran tal fenómeno, luego deberías hacer esto; que hay personas a las que esto le funciona, luego deberías probar lo otro; no. David Allen ha creado un sistema para que te organices, y te lo explica punto por punto para que puedas realizarlo tú mismo. Esto, básicamente, es GTD.

El autor se basa en la premisa de que nuestro cerebro nos inoportuna recordándonos cosas que queremos o deberíamos hacer, precisamente en los momentos en los que estamos haciendo otras cosas y no podemos hacer nada para completar otras tareas. A mí me pasa continuamente: estoy estudiando y me acuerdo de que debería limpiar los cristales; o estoy trabajando y me acuerdo de que tengo que comprar leche, que está a punto de acabarse el brick. Pues bien, ¿por qué no liberar a tu cabecita de todas esas tareas para que, cuando estés haciendo algo, no gastes energía inútilmente en pensar en otras cosas que tienes que hacer? Ahí está el secreto.

Resumir el libro es prácticamente imposible, así que os comentaré algunos puntos de los que más me han llamado la atención.

Para empezar, el autor propone que hagamos listas, pero recomienda que no separes las cosas personales de las profesionales ya que tu cerebro no realiza esa distinción; para él es igual de importante comprar comida para el gato que fusionar tu empresa con otra; las dos son tareas pendientes.

Las listas que nos recomienda hacer se dividen por contexto, lo cual es maravillosamente práctico: ¿de qué te sirve estar en el trabajo con una lista que pone que tienes que leer y subrayar el tema 1 de Administrativo cuando eso solo lo puedes hacer si estás en tu casa, con el libro y los lápices a mano?

Nos enseña primero a identificar “proyectos”, que él define como cualquier cosa que requiera más de dos acciones, y luego a identificar cada acción del proyecto, porque lo que apunta en las listas son acciones individuales. Por ejemplo, si tu proyecto es “celebrar el cumpleaños de mi hijo de 8 años” (recordad que las cosas personales y las profesionales no las separamos, por lo tanto, esto es un proyecto como cualquier otro) tendremos que 1) Buscar en internet lugares de recreo con actividades para niños 2) Llamar y preguntar precios, horarios, etc., 3) Elegir un sitio y reservar, 4) Enviar invitaciones o hacer las llamadas correspondientes, y así. Quizás no tengas energía para hacer todo a un tiempo, pero puedes realizar el primer paso hoy y apuntar el siguiente para hacerlo mañana.

Hay que repasar semanalmente todo el sistema, lo cual te permite hacer inventario de las cosas que has hecho durante los últimos días, actualizar lo que te ha quedado pendiente, y ver el avance de todos tus “proyectos”. Vas de lo grande a lo más pequeño, al detalle, así que siempre tienes presente los objetivos a largo plazo porque los trabajas diariamente.

Imagen de una agenda Bullet journal muy cuqui sacada de aquí.

Os recomiendo leer este artículo para haceros una idea bastante amplia de qué es GTD. De todas formas, me parece indispensable leer el libro si estáis mínimamente interesados en el tema de la organización y la productividad; merece la pena por la cantidad de ideas que te da, y que te vienen a la mente al ir leyendo. Ya os he comentado que lo he leído un par de veces para no dejarme nada en el tintero a la hora de probarlo, y supongo que lo releeré cuando lleve trabajando con él unos meses con el fin de comprobar que lo estoy haciendo todo bien. Además, si sois fanáticos de lo que yo llamo material escolar (carpetas, clasificadores, cuadernos, etc.), va a ser un aliciente más para que lo probéis (jiji).

Avisar también de que llevar a cabo GTD requiere que cambiemos de hábitos. Apuntar tus ideas, repasar semanalmente todos los proyectos o identificar la “siguiente acción” de esto y de lo otro son cosas que yo normalmente no hacía, pero que ahora debo hacer si quiero mantener el sistema bajo control. Es, además, básico para que tu cabeza confíe plenamente en que tienes todo organizado y que puedes consultarlo en cualquier momento, dejando la vía despejada para trabajar en lo que estés haciendo ahora mismo.

He estado pensando en cómo aplicarlo para el tema de los estudios y, a riesgo de resultar pesada con este libro, creo que escribiré un post sobre mi interpretación del método GTD para estudiar en la Uned, que seguro que a más de uno le vienen bien las ideas sobre este tema. Y seguro que con las aportaciones de otros estudiantes descubrimos el secreto para sacar sobresalientes 😉

Organízate con eficacia. Getting things done. GTD. David Allen. Quedaos con ello, en serio.

Título: Organízate con eficacia
Autor: David Allen
Editorial: Empresa Activa
ISBN: 978-84-92921-30-0
Páginas: 352
Precio: 18,00 €

Veréis, resulta que me he desapuntado del club de lectura.

Fue una decisión tomada después de varios meses de asistir a las reuniones con los libros a medio leer, o directamente no asistir por no haberlos leído; de remordimientos por saber que hay listas de espera con un montón de gente deseosa de participar en estos clubs que no puede hacerlo por estar limitado el número de asistentes; y de pena, al pensar que no volvería a ver a esas personas maravillosas que ya se han convertido en más que compañeras de lecturas… Pero, al final, tomé la decisión.

No obstante, me dejé una pequeña rendija abierta: les dije que, si leían algún libro que yo ya hubiera leído o que tuviera en la lista de pendientes, asistiría a la reunión para comentarlo con el club. Y así llegamos a Una madre; el libro que me permitió disfrutar una vez más de la compañía de la gente de mi club de lectura.

Era el primer libro de Alejandro Palomas que leía pero, gracias a la comunidad bloguera, sabía con seguridad que iba a emocionarme.

El autor nos presenta una cena de Nochevieja que gira en torno a una madre, Amalia, que pretende que esta reunión familiar sea especial; desea transmitir algo a sus hijos y a su hermano, algo que no dice con palabras pero sí con el corazón. Todos y cada uno de los comensales tienen heridas profundas que nunca han sanado del todo y Amalia, con su buen humor y amor de madre, va a envolver a toda su familia y cerrar un capítulo para que puedan volver a mirar hacia el futuro.

Es un libro relatado desde la perspectiva de Fernando, uno de los hijos de esta mujer tan vivaracha, y nos va desgranando el pasado de sus hermanas, de su madre y de su tío en breves anticipos. Nos permite vislumbrar retazos aquí y allá que acaban componiendo el puzzle de la familia, y lo hace de manera tan envolvente, cambiando suavemente de un personaje a otro, volviendo a la cena e introduciendo pinceladas de humor entre medias, que el lector cae rendido y se siente como un comensal más de esta Nochevieja tan especial.

Me ha encantado todo: la historia en sí y la manera que tiene el autor de manejarla e involucrar al lector en ella. Por ponerle una pega diría que las cosas que le suceden a Amalia son a veces demasiado alocadas, exageradas, pero son el punto de humor de la historia y al final las aceptas como parte indisoluble -e indispensable- de esta mujer tan peculiar.

En el club de lectura, salvo un par de excepciones, fue un libro que gustó mucho también. Salimos con el resto de novelas de Alejandro Palomas en la lista de libros pendientes.

Título: Una madre
Autor: Alejandro Palomas
Editorial: Siruela
ISBN: 978-84-16120-43-7
Páginas: 248
Precio: 17,95 €

Hoy quiero compartir algunos truquillos y consejos que me hubiera gustado tener presentes antes de ponerme a ordenar toda la casa, porque igual me hubiera organizado de otra manera de haberlos sabido. No os voy a contar cómo dice Marie Kondo que hay que ordenar, eso lo podéis leer perfectamente en su libro o buscar en youtube, sino que quiero compartir truquillos que he aprendido a lo largo del proceso.

Allá vamos:

Fuente

1) Calcula de forma realista el tiempo que te llevará cada categoría

Por pensar que yo no tenía “tantas cosas”, calculaba tiempos muy por debajo del que realmente empleé, por lo cual hubo días que me acosté tardísimo y muy cansada. Luego, según pasaban los días en este maratón del orden, ya fui atinando más.

Por ejemplo, si piensas objetivamente que tu ropa te llevará 4 horas, yo te diría que añadieras un 50% más, es decir, que calcules que serán en realidad 6 horas. Piensa que hay que que limpiar los armarios que vas despejando, decidir qué es lo que se queda, probarte prendas incluso, y tirar las bolsas de ropa que descartes.

Es un trabajo inmenso, y no se hace “en un ratín”. Tenlo en cuenta.

2) Organiza por la mañana

Está relacionado con el anterior, y su fin es evitar acabar a altas horas de la noche, agotada, y encima con la cabeza dándole vueltas al tema (“¿estoy segura de que quiero tirar todo eso? ¿No me estaré volviendo loca?”), por lo que te costará dormir.

La autora lo recomienda expresamente también, pero pensé que no sería algo “obligatorio, y empecé con el KonMari por las tardes, pero me cambié pronto a las mañanas de los fines de semana y me fue mucho mejor.

3) Prepara la comida con antelación

Después de estar hecha polvo limpiando, organizando y tirando cosas, es una tortura encima tener que hacer la comida. Asegúrate de que ese día no tienes que hacer otras tareas imprescindibles para tu supervivencia; prepara algo el día anterior que solo requiera calentarlo en el microondas. Me lo agradecerás.

4) Compra guantes para limpiar

No sé por qué, pero mover tantas cosas y limpiar tantos armarios y muebles hace que los guantes de silicona se rompan enseguida. A veces, a los 30 minutos de empezar ya se me habían roto y, como no me apetecía bajar a comprar más, lo hacía sin guantes.

Total, que me han quedado las manos muy dañadas de tanto producto de limpieza y tanto polvo, así que hazme caso: compra guantes, y ten un par de ellos de repuesto.

5) No intentes vender todo lo que descartas

Si eres como yo, habrás pensado que puedes sacarte un dinero con los objetos que quieres tirar. Intentar los objetos que has descartado es muy estresante, os lo digo por experiencia.

Si se lo quieres vender a personas que se dedican a la compraventa de objetos de segunda mano, tienen que ir a tu casa a verlos (al fin y al cabo, son gente desconocida y algunos no son muy de fiar). Si los vendes por internet, tienes que sacar fotos una a una e ir contestando a las personas que se ponen en contacto contigo. En ambos casos, tienes que tener todos los cachivaches en casa mientras los vendes… Es un agobio.

Deja al lado de un contenedor lo que no sea tan valioso, por si alguien lo quiere, dona o regala las cosas que estén medianamente bien, e intenta vender cuatro cosas que tengan más valor. Merece la pena hacerlo así, aunque cueste creerlo.

*****

Y esto es todo.

Parece que fue ayer cuando me decidí a ordenar mi casa (te cuento el proceso aquí), y resulta que ya han pasado varias semanas. He sobrevivido a una tanda de exámenes del Máster que estoy cursando y la casa sigue exactamente igual de ordenada que antes porque todos los objetos tienen un sitio al que volver cuando se han terminado de utilizar. ¡Estoy encantada!

Es cierto que pasé días extenuantes, pero el resultado ha merecido la pena.

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