Feed de
Artículos
Comentarios

¿Os ha pasado alguna vez que los libros que te recomienda una determinada persona te dan una pereza terrible, pero resulta que te acaban encantando? A mí me pasa con las recomendaciones de mi consorte, Mork.

Esta es una de ellas.

El guerrero a la sombra del cerezo cuenta la historia de dos personajes: por un lado, el castillo de los Ikeda sufre un ataque conjunto de los clanes enemigos, pereciendo todos sus habitantes excepto Seizo Ikeda, el hijo pequeño del jefe del clan, que es rescatado por el más leal de los samuráis de la ahora extinta la guardia señorial. Así comienza una nueva vida para este niño, una vida que deberá dedicar a la venganza bajo la tutela del mejor de los maestros guerreros.

Alternando con los capítulos de Seizo, nos encontramos otros en los que el protagonista es Ikei Inafune, un médico al que su señor le encarga la peligrosa tarea de convertirse en espía en casa de sus enemigos, jugándose la vida en caso de llegar a ser descubierto. Pero, ¿quién puede negarse a los deseos de su señor?

El autor consigue transportarte a este Japón medieval lleno de aventuras, combates, muerte, lealtad y honor, con unos personajes protagonistas que se hacen querer y a los que el lector no quiere perder la pista. El autor, David B. Gil, te va introduciendo poco a poco en este mundo, desconocido para mí, haciendo incluso que llegues a familiarizanrte con algunas palabras japonesas, creando así parte de la ambientación de la historia. Porque no es lo mismo desenvainar la daisho que desenvainar el sable, ¿verdad? Además, he disfrutado muchísimo con las dos historias, sin encontrar ninguna más floja que la otra; tan solo deseando avanzar para conocer cómo iban a coincidir ambos personajes al final pero, a la vez, intentando alargar lo más posible el placer que me provocaba la lectura de esta novela.

Es una maravilla que caiga en tus manos una historia totalmente desconocida, de la que hubieras sido reacia a leer, incluso, pero que al final te atrapa sin remedio. Se me escapaban las lagrimillas al final, os confieso, de la pena que me daba acabar la historia y despedirme de Seizo y Ekei…

Título: El guerrero a la sombra del cerezo
Autor: David B. Gil
Editorial: Suma de letras
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-9129-130-5
Páginas: 800
Precio: 18,90 €

 

Este post puede resultar un tanto extraño a las personas que me conocen, o quizás todo lo contrario, precisamente porque me conocen. El caso es que he comprado dos de mis libros favoritos:

La princesa prometida, de William Goldman: es una nueva edición que acaba de publicar la editorial Ático de los Libros e incluye las introducciones al 25º y al 30º aniversario, así que no vi ninguna excusa para que no pasara a formar parte de mis estanterías. Seguro que me comprendéis.

El regreso, de Rosamunde Pilcher: un poco más justificada que la compra anterior fue la de esta novela que me encantó cuando la leí pero fue un ejemplar prestado de la biblioteca así que, desde entonces, siempre he querido tener un ejemplar propio. Lo compré de segunda mano en wallapop, y creo que, de todas formas, intentaré cambiarlo por un ejemplar en edición rústica, que es la que realmente me apetece tener. Mientras tanto, a falta de pan…

*****

Como véis, son libros que os recomiendo, y buena prueba de ello es este post: son dos libros que ya había leído y que he comprado, a pesar de todo, porque se merecen un hueco en mis estanterías.

Contadme, ¿vosotros también compráis libros ya leídos que os han encantado y os apetece tener?

Este es uno de los libros que más he disfrutado de los que llevo leídos este año. Quizás influenciada por mi recién estrenado título de graduada en Derecho, lo cierto es que me apeteció leerlo desde el momento en que lo vi, y no me ha defraudado.

El protagonista de Por ley superior es Roberto Doni, fiscal en la hermosa ciudad de Milán, a punto de jubilarse ya, y deseoso de pedir un traslado para vivir su última etapa laboral en un lugar no muy alejado pero más tranquilo que una gran ciudad. Trabajando en una apelación sobre el caso de un inmigrante tunecino que disparó a una pareja italiana, recibe información sobre la inocencia del condenado: Elena, una joven periodista, asume como propia la cruzada de poner en contacto a Doni con ciertas personas que aseguran que el acusado no estaba en aquel lugar cuando sucedieron los hechos.

Parece un caso sencillo: comprobar la inocencia de Kahled y, si procede, absolverle, pero no es así. Para empezar, el hombre ha confesado ser el autor del crimen, así que Doni y Elena se adentran en “el otro Milán” para esclarecer los hechos. Vislumbramos la tristre realidad del submundo en el que este hombre trataba de salir adelante; las amenazas veladas, la corrupción policial y, lo que más me apenó de la novela, la incapacidad de la justicia para hacer frente a todo ello, pues su función se limita a encontrar un culpable y condenarlo, sin ahondar en los problemas subyacentes que originaron cualquiera de los crímenes que se juzgan.

Es una novela no muy larga que avanza con un ritmo pausado, siempre jugando con la dicotomía entre Doni y sus “problemas del primer mundo” y los viajes orquestados por Elena a otros barrios, casi otros mundos, para esclarecer el caso de Khaled. También juega con el contraste entre la tranquila vida del protagonista y la energía de Elena para alcanzar los ideales de justicia que, en teoría, Doni debería servir.

Es uno de esos libros de apariencia y lectura sencillas que acaban dejando poso en el lector. Os dejo con la que creo que es la frase central del libro:

Hágase justicia, aunque perezca el mundo.

Título: Por ley superior
Autor: Giorgio Fontana
Traductor: Carlos Manzano
Editorial: Libros del Asteroide
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-17007-23-2
Páginas: 265
Precio: 18,95 €

Cómics – Marzo 2018

¡Otra vez estoy reseñando cómics! No lo puedo evitar: hay épocas en que me paseo por la biblioteca y saco prestados unos cuantos cómics prácticamente al azar, ya sea porque me llama la atención el título, la portada, o los dibujos al hojear sus páginas.

No siempre acierto, lo confieso, pero este género me presta cada vez más. Podría deberse a que el pasillo de los cómics es un lugar inexplorado para mí; no tengo referencia alguna sobre los títulos que aparecen esos lomos, y se me pasa el tiempo volando mirando unos y otros, tratando de escoger cuál se vendrá a casa en esta ocasión.

Hoy os hablaré de los tres últimos que he leído:

Sansamba, de Isabel Franc y Susanna Martín

Este es, sin duda, mi favorito de los tres. Cuenta la historia de un chico senegalés que, como tantos otros, emigra a nuestro país en busca de un futuro mejor para él y su familia. Tras un “viaje” en patera y varios traslados por la geografía española, acaba en Barcelona, donde intenta buscar un trabajo con el que mantenerse y, por pura casualidad, llama a la puerta de una mujer de mediana edad que necesita una pequeña ayuda para adecentar el jardín.

Comienza entonces una relación de amistad muy especial entre los dos: ella le procura pequeños trabajos en las casas de sus amigas y le ayuda a batirse en duelo con la burocracia para conseguir los famosos “papeles” y él, con toda su buena voluntad, la invita a visitar su país y conocer a sus familiares en su pequeño pueblo.

El choque cultural es brutal, y es lo que hace la historia tan intersante. A veces dudas de que se estén entendiendo ambos personajes, pero es una historia sobre superar los prejuicios, no sobre moldear a otra persona para que se parezca culturalmente a ti. Muy recomendable, y eso que está muy -pero que muy- fuera de mi zona de confort.

Abandonos, de Andi Watson

Abandonos me gustó un poquito menos. La pareja protagonista se conoce en una fiesta y comienza una relación que no funciona demasiado bien. Cada uno de los personajes tiene sus manías, que a los ojos del otro no son más que bobadas sin importancia, con lo que nunca llegan a entenderse del todo.

Mirad, os voy a hacer spoiler: al final acaban juntos y bien, pero precisamente por eso no me convenció esta historia, porque tienen tan poco interés por las pasiones del otro, que yo creo que lo mejor es que estén con otras personas con las que tengan más cosas en común.

Miércoles, de Juan Berrio

Este es un cómic curioso, porque no trata de nada y, sin embargo, no está del todo mal.

Simplemente relata los acontecimientos de un miércoles en un barrio cualquiera. Diferentes generaciones, diferentes situaciones con personas alegres, personas tristes, vecinos que se llevan bien, vecinos que se llevan mal, parejas que nunca logran mantener una conversación, perros que visten como sus dueños… No puedo decir que me haya encantado, es cierto, pero tiene escenas entretenidas que van enganchando al lector.

Eso sí, lo que no me convenció es el cancionero que viene al final; totalmente prescindible para mi gusto.

*****

Y bien, hasta aquí los cómics que he leído esta temporada. Se avecina una nueva incursión en este pasillo tan especial de la biblioteca 😉

 

Llevo una temporada escuchando audiolibros en inglés; libros sobre organización, fuerza de voluntad, etc. (ya lo habéis ido viendo en el blog durante los últimos meses) y, al terminar uno, me dejaba recomendar por GoodReads para escoger el siguiente, hasta que me topé con Organízate con eficacia, en inglés Getting things done, abreviado como GTD (GiTiDi), de David Allen. Lo he descubierto con muchos años de retraso, pero lo he descubierto, que es lo importante.

Y os digo una cosa: lo terminé e inmediatamente lo volví a empezar. Porque me ha parecido que la solución que nos ofrece David Allen hay que tenerla en cuenta.

Veréis, esto no es un libro de autoayuda que nos dice que hay estudios que demuestran tal fenómeno, luego deberías hacer esto; que hay personas a las que esto le funciona, luego deberías probar lo otro; no. David Allen ha creado un sistema para que te organices, y te lo explica punto por punto para que puedas realizarlo tú mismo. Esto, básicamente, es GTD.

El autor se basa en la premisa de que nuestro cerebro nos inoportuna recordándonos cosas que queremos o deberíamos hacer, precisamente en los momentos en los que estamos haciendo otras cosas y no podemos hacer nada para completar otras tareas. A mí me pasa continuamente: estoy estudiando y me acuerdo de que debería limpiar los cristales; o estoy trabajando y me acuerdo de que tengo que comprar leche, que está a punto de acabarse el brick. Pues bien, ¿por qué no liberar a tu cabecita de todas esas tareas para que, cuando estés haciendo algo, no gastes energía inútilmente en pensar en otras cosas que tienes que hacer? Ahí está el secreto.

Resumir el libro es prácticamente imposible, así que os comentaré algunos puntos de los que más me han llamado la atención.

Para empezar, el autor propone que hagamos listas, pero recomienda que no separes las cosas personales de las profesionales ya que tu cerebro no realiza esa distinción; para él es igual de importante comprar comida para el gato que fusionar tu empresa con otra; las dos son tareas pendientes.

Las listas que nos recomienda hacer se dividen por contexto, lo cual es maravillosamente práctico: ¿de qué te sirve estar en el trabajo con una lista que pone que tienes que leer y subrayar el tema 1 de Administrativo cuando eso solo lo puedes hacer si estás en tu casa, con el libro y los lápices a mano?

Nos enseña primero a identificar “proyectos”, que él define como cualquier cosa que requiera más de dos acciones, y luego a identificar cada acción del proyecto, porque lo que apunta en las listas son acciones individuales. Por ejemplo, si tu proyecto es “celebrar el cumpleaños de mi hijo de 8 años” (recordad que las cosas personales y las profesionales no las separamos, por lo tanto, esto es un proyecto como cualquier otro) tendremos que 1) Buscar en internet lugares de recreo con actividades para niños 2) Llamar y preguntar precios, horarios, etc., 3) Elegir un sitio y reservar, 4) Enviar invitaciones o hacer las llamadas correspondientes, y así. Quizás no tengas energía para hacer todo a un tiempo, pero puedes realizar el primer paso hoy y apuntar el siguiente para hacerlo mañana.

Hay que repasar semanalmente todo el sistema, lo cual te permite hacer inventario de las cosas que has hecho durante los últimos días, actualizar lo que te ha quedado pendiente, y ver el avance de todos tus “proyectos”. Vas de lo grande a lo más pequeño, al detalle, así que siempre tienes presente los objetivos a largo plazo porque los trabajas diariamente.

Imagen de una agenda Bullet journal muy cuqui sacada de aquí.

Os recomiendo leer este artículo para haceros una idea bastante amplia de qué es GTD. De todas formas, me parece indispensable leer el libro si estáis mínimamente interesados en el tema de la organización y la productividad; merece la pena por la cantidad de ideas que te da, y que te vienen a la mente al ir leyendo. Ya os he comentado que lo he leído un par de veces para no dejarme nada en el tintero a la hora de probarlo, y supongo que lo releeré cuando lleve trabajando con él unos meses con el fin de comprobar que lo estoy haciendo todo bien. Además, si sois fanáticos de lo que yo llamo material escolar (carpetas, clasificadores, cuadernos, etc.), va a ser un aliciente más para que lo probéis (jiji).

Avisar también de que llevar a cabo GTD requiere que cambiemos de hábitos. Apuntar tus ideas, repasar semanalmente todos los proyectos o identificar la “siguiente acción” de esto y de lo otro son cosas que yo normalmente no hacía, pero que ahora debo hacer si quiero mantener el sistema bajo control. Es, además, básico para que tu cabeza confíe plenamente en que tienes todo organizado y que puedes consultarlo en cualquier momento, dejando la vía despejada para trabajar en lo que estés haciendo ahora mismo.

He estado pensando en cómo aplicarlo para el tema de los estudios y, a riesgo de resultar pesada con este libro, creo que escribiré un post sobre mi interpretación del método GTD para estudiar en la Uned, que seguro que a más de uno le vienen bien las ideas sobre este tema. Y seguro que con las aportaciones de otros estudiantes descubrimos el secreto para sacar sobresalientes 😉

Organízate con eficacia. Getting things done. GTD. David Allen. Quedaos con ello, en serio.

Título: Organízate con eficacia
Autor: David Allen
Editorial: Empresa Activa
ISBN: 978-84-92921-30-0
Páginas: 352
Precio: 18,00 €

Veréis, resulta que me he desapuntado del club de lectura.

Fue una decisión tomada después de varios meses de asistir a las reuniones con los libros a medio leer, o directamente no asistir por no haberlos leído; de remordimientos por saber que hay listas de espera con un montón de gente deseosa de participar en estos clubs que no puede hacerlo por estar limitado el número de asistentes; y de pena, al pensar que no volvería a ver a esas personas maravillosas que ya se han convertido en más que compañeras de lecturas… Pero, al final, tomé la decisión.

No obstante, me dejé una pequeña rendija abierta: les dije que, si leían algún libro que yo ya hubiera leído o que tuviera en la lista de pendientes, asistiría a la reunión para comentarlo con el club. Y así llegamos a Una madre; el libro que me permitió disfrutar una vez más de la compañía de la gente de mi club de lectura.

Era el primer libro de Alejandro Palomas que leía pero, gracias a la comunidad bloguera, sabía con seguridad que iba a emocionarme.

El autor nos presenta una cena de Nochevieja que gira en torno a una madre, Amalia, que pretende que esta reunión familiar sea especial; desea transmitir algo a sus hijos y a su hermano, algo que no dice con palabras pero sí con el corazón. Todos y cada uno de los comensales tienen heridas profundas que nunca han sanado del todo y Amalia, con su buen humor y amor de madre, va a envolver a toda su familia y cerrar un capítulo para que puedan volver a mirar hacia el futuro.

Es un libro relatado desde la perspectiva de Fernando, uno de los hijos de esta mujer tan vivaracha, y nos va desgranando el pasado de sus hermanas, de su madre y de su tío en breves anticipos. Nos permite vislumbrar retazos aquí y allá que acaban componiendo el puzzle de la familia, y lo hace de manera tan envolvente, cambiando suavemente de un personaje a otro, volviendo a la cena e introduciendo pinceladas de humor entre medias, que el lector cae rendido y se siente como un comensal más de esta Nochevieja tan especial.

Me ha encantado todo: la historia en sí y la manera que tiene el autor de manejarla e involucrar al lector en ella. Por ponerle una pega diría que las cosas que le suceden a Amalia son a veces demasiado alocadas, exageradas, pero son el punto de humor de la historia y al final las aceptas como parte indisoluble -e indispensable- de esta mujer tan peculiar.

En el club de lectura, salvo un par de excepciones, fue un libro que gustó mucho también. Salimos con el resto de novelas de Alejandro Palomas en la lista de libros pendientes.

Título: Una madre
Autor: Alejandro Palomas
Editorial: Siruela
ISBN: 978-84-16120-43-7
Páginas: 248
Precio: 17,95 €

Hoy quiero compartir algunos truquillos y consejos que me hubiera gustado tener presentes antes de ponerme a ordenar toda la casa, porque igual me hubiera organizado de otra manera de haberlos sabido. No os voy a contar cómo dice Marie Kondo que hay que ordenar, eso lo podéis leer perfectamente en su libro o buscar en youtube, sino que quiero compartir truquillos que he aprendido a lo largo del proceso.

Allá vamos:

Fuente

1) Calcula de forma realista el tiempo que te llevará cada categoría

Por pensar que yo no tenía “tantas cosas”, calculaba tiempos muy por debajo del que realmente empleé, por lo cual hubo días que me acosté tardísimo y muy cansada. Luego, según pasaban los días en este maratón del orden, ya fui atinando más.

Por ejemplo, si piensas objetivamente que tu ropa te llevará 4 horas, yo te diría que añadieras un 50% más, es decir, que calcules que serán en realidad 6 horas. Piensa que hay que que limpiar los armarios que vas despejando, decidir qué es lo que se queda, probarte prendas incluso, y tirar las bolsas de ropa que descartes.

Es un trabajo inmenso, y no se hace “en un ratín”. Tenlo en cuenta.

2) Organiza por la mañana

Está relacionado con el anterior, y su fin es evitar acabar a altas horas de la noche, agotada, y encima con la cabeza dándole vueltas al tema (“¿estoy segura de que quiero tirar todo eso? ¿No me estaré volviendo loca?”), por lo que te costará dormir.

La autora lo recomienda expresamente también, pero pensé que no sería algo “obligatorio, y empecé con el KonMari por las tardes, pero me cambié pronto a las mañanas de los fines de semana y me fue mucho mejor.

3) Prepara la comida con antelación

Después de estar hecha polvo limpiando, organizando y tirando cosas, es una tortura encima tener que hacer la comida. Asegúrate de que ese día no tienes que hacer otras tareas imprescindibles para tu supervivencia; prepara algo el día anterior que solo requiera calentarlo en el microondas. Me lo agradecerás.

4) Compra guantes para limpiar

No sé por qué, pero mover tantas cosas y limpiar tantos armarios y muebles hace que los guantes de silicona se rompan enseguida. A veces, a los 30 minutos de empezar ya se me habían roto y, como no me apetecía bajar a comprar más, lo hacía sin guantes.

Total, que me han quedado las manos muy dañadas de tanto producto de limpieza y tanto polvo, así que hazme caso: compra guantes, y ten un par de ellos de repuesto.

5) No intentes vender todo lo que descartas

Si eres como yo, habrás pensado que puedes sacarte un dinero con los objetos que quieres tirar. Intentar los objetos que has descartado es muy estresante, os lo digo por experiencia.

Si se lo quieres vender a personas que se dedican a la compraventa de objetos de segunda mano, tienen que ir a tu casa a verlos (al fin y al cabo, son gente desconocida y algunos no son muy de fiar). Si los vendes por internet, tienes que sacar fotos una a una e ir contestando a las personas que se ponen en contacto contigo. En ambos casos, tienes que tener todos los cachivaches en casa mientras los vendes… Es un agobio.

Deja al lado de un contenedor lo que no sea tan valioso, por si alguien lo quiere, dona o regala las cosas que estén medianamente bien, e intenta vender cuatro cosas que tengan más valor. Merece la pena hacerlo así, aunque cueste creerlo.

*****

Y esto es todo.

Parece que fue ayer cuando me decidí a ordenar mi casa (te cuento el proceso aquí), y resulta que ya han pasado varias semanas. He sobrevivido a una tanda de exámenes del Máster que estoy cursando y la casa sigue exactamente igual de ordenada que antes porque todos los objetos tienen un sitio al que volver cuando se han terminado de utilizar. ¡Estoy encantada!

Es cierto que pasé días extenuantes, pero el resultado ha merecido la pena.

Si me sigues en Twitter, te habrás dado cuenta de que me he pasado las últimas semanas limpiando, organizando y deshaciéndome de bolsas y bolsas hasta arriba de cachivaches que no quiero tener en casa. La culpable de este huracán de limpieza y orden que me ha poseído es Marie Kondo, la japonesa que ha revolucionado el mundo del minimalismo y la organización con este primer libro: La magia del orden. Ella misma ha bautizado a su método con el nombre de KonMari, y os anuncio que se ha convertido en la guía espiritual y filosófica del resto de mi vida.

Por si alguien no está familiarizado con este libro, lo explico brevemente: consiste en sacar TODAS tus posesiones terrenales según su categoría (toda la ropa, todos los libros, todos los utensilios de cocina, etc.), ponerlas todas juntas para que te dé un soponcio tras el impacto visual que suponen todos los objetos que acumulas; descartar lo que no te provoca felicidad y/o no necesitas y, finalmente, buscar un sitio para el resto de cosas que de verdad quieres tener, de manera que quede organizado todo para siempre; que cada objeto tenga un lugar al que volver después de ser usado.

 

Mi experiencia ordenando

Como os podéis imaginar, es más fácil decirlo que hacerlo, pero os cuento un secreto: todo es empezar. La autora, que vive de enseñar a la gente a organizar, recomienda un orden concreto, que he seguido a rajatabla. Os voy a contar cómo lo hice, y os voy a enseñar fotos del proceso, con la intención de que veáis que esto no es un camino de rosas, ni mucho menos. Requiere muchísimo esfuerzo, muchas horas, y muchas decisiones que tomar sobre tu vida en general. Allá vamos.

1) Ropa

Yo pensaba que no tenía mucha ropa, pero lo primero que tuve que hacer fue dividir la categoría “ropa” en subcategorías ya que no me iba a dar tiempo a hacerlo todo en un solo día. Sin comentarios. Además, me dio tal impresión ver la cantidad de ropa que tenía encima de la cama, que no hice foto por pura vergüenza. Como os digo, ordenar y desechar prendas, y todo tipo de cosas, lo que hace es sacar tu comportamiento a la luz, y darse cuenta de lo que uno ha sido durante tantos años (consumista, acaparador…) es bastante duro.

Pues bien, organicé los zapatos un día, otro para la ropa interior, la ropa de la casa, los abrigos y, finalmente, el resto (camisas, jerséis, pantalones, ropa de deporte). Terminé con 12 bolsones llenos de prendas que no me gustaban, no me valían y/o no me ponía desde hacía tiempo. Lloré al despedirme de prendas que había disfrutado en el pasado; limpié los armarios, cómoda y zapateros; doblé las prendas como Marie Kondo recomienda, y fui feliz por siempre jamás. Bueno, hasta que me di cuenta de que debía hacer lo mismo con el resto de mis cosas 😉

2) Libros

Por supuesto, si estás leyendo esto, pensarás que no he podido deshacerme de los libros o que, si lo he hecho, no merezco ser llamada bibliófila. Quizás tengas razón.

Lo cierto es que me he desecho de 250 libros, y sin pestañear, aunque es verdad que Marie Kondo recomienda hacer una purga mucho más brutal que la mía. He seguido el siguiente patrón (de mi propia cosecha):

Para los libros que ya he leído: libros que me han encantado, se quedan; libros que me han gustado y que he prestado a mi abuela/familiares/amigos y han regresado a mí, se van. Estos últimos ya han cumplido su función y estoy segura al 100% de que no los voy a releer.

Para los pendientes me he hecho la siguiente pregunta: si tuviera todo el tiempo del mundo, ¿leería este libro? Así he ido descartando unos y conservando otros. La autora explica muy bien esto que todos los lectores sabemos intrínsecamente: que cada libro tiene su momento y que, si no lees un libro justo después de comprarlo, es muy probable que no lo leas nunca. Yo no he sido tan radical y he conservado muchos pendientes que creo que sí me apetecen y me van a gustar. Pero también hubo muchos que descarté.

El caso es que ya estaba pensando en visitar Ikea y comprar nuevos Billys, pero ahora tengo estantes enteros vacíos. VACÍOS. Y siento una paz interior difícil de explicar.

3) Papeles

Esta era una categoría que estaba deseando organizar. Cada cierto tiempo he tirado apuntes y cuadernos de la carrera atrasados e inútiles ya, pero nunca había hecho una limpieza “a fondo”. No fue fácil, y estuve muchas horas mirando cada papel y decidiendo qué tirar. Además tenía montones de libretas (me encantan) que tuve que desechar también básicamente porque no las he usado nunca; me quedé con cuadernos en blanco para apuntes, los contratos, nóminas y ese tipo de papeles que se deben conservar, y las libretas que más me gustaban.

4) Categorías “pequeñas”

Tras los papeles, y viendo ya gran parte de la casa ordenada, entré en una vorágine del orden: organizaba entre semana una categoría “pequeña” (productos de limpieza, peluches, cajas de cartón etc.), y dejaba para el finde el maratón eterno de las categorías grandes. No veo ninguna pega en ir haciéndolo así, siempre y cuando organices todos los objetos de esa categoría.

Cantidad de objetos para descartar en un día cualquiera

5) Manualidades y material escolar

Como muchos sabréis, me encanta el scrapbooking y escribir cartas, así que organicé el material que tengo en un día diferente al de los “papeles”, porque para mí son cosas distintas. Lo junté con el material escolar (post-its, bolis, subrayadores, clips, pinturas, etc.) porque lo tengo todo en la misma habitación, así que fue bastante fácil.

Tiré un montón de bolígrafos y pinturas, grapadoras pequeñas que no me gustan, gomas de borrar roñosas, recortes que no he usado… Pero lo más duro de este día fue ordenarlo todo y buscar el sitio adecuado para cada cosa. Ha quedado todo estupendo, y estoy muy a gusto en esta habitación que utilizo a la vez para estudiar y para “jugar”.

6) Baño

En realidad debería decir “todo lo que hay en los armarios del baño”. El día que saqué todo lo que contenían los armarios, sentí un enorme placer, porque sabía que no iba a ser difícil descartar cosas: tiré sin pestañear todo el maquillaje (no uso maquillaje desde hace años), todas las horquillas y cintas del pelo, todas las muestras, y todos los botes de cremas que llevaban más de 2 años por allí abiertos. Las colonias sin usar se las regalé a mi madre, que le gusta llevar algún frasco para la mochila de deporte.

La verdad es que lo que más me costó ese día fue limpiar armarios y azulejos, pero quedó todo perfecto y con espacio de sobra.

7) Cocina

Después de organizar y limpiar la cocina tuve agujetas, no os digo más.

Saqué todo lo que había en los armarios, tanto los utensilios de cocina como la comida, y me pasé un buen par de horas limpiando con el famoso quitagrasas del Mercadona. Puse una balda de más en un armario de la terraza que uso como despensa, porque me venía mejor para organizar las tazas, y después de eso me pareció que, ya que estaba, podía limpiar los cristales de allí, de la terraza, así que una hora más sacando los cristales (son de esas ventanas correderas) y limpiándolos a fondo. Ya de estar… Todo esto después de que me llamaran los vecinos por una emergencia (una vecina se había caído en el baño y no se podía levantar), y me llevara un buen susto para el cuerpo.

A la hora de desechar, empecé por la comida caducada (2 bolsas de basura). Aquí me pasó como con la ropa: me daba vergüenza ver toda esa comida que compro por impulso de vez en cuando y dejo por ahí olvidada hasta que la tiro porque se caducó hace un par de años. Espero no volver a comportarme así, os lo digo de verdad.

La mayoría de los utensilios de cocina no son realmente míos, sino que son de mis padres (¡es su piso!), así que no deseché más que los que estaban estropeados (platos o vasos con muescas), y mis tazas. Solía tener tantas tazas que no me cabían en los armarios, así que siempre las tenía en la encimera y, sinceramente, una sola persona no necesita 20 tazas, así que descarté las que menos me gustaban, llevé alguna para el despacho (nos vienen fenomenal para tomarnos un tecito de vez en cuando), y tengo ya todas las restantes ordenadas en un armario.

Por primera vez en mi vida, estoy disfrutando de mi cocina.

8) Miscelánea

El último día lo dediqué a objetos sin categoría concreta. Saqué todo lo que me quedaba por ordenar de los armarios del pasillo, las estanterías del salón y los cajones de las mesillas de noche.

Aunque me llevó mucho tiempo, la verdad es que no fue ya tan difícil como los días anteriores, y acabé el día haciéndome un buen chocolate caliente con nata y bizcochos, para celebrarlo.

 

9) Objetos sentimentales

Es cierto que me faltan por ordenar las fotos y las cartas, pero físicamente ocupan tan poquito espacio en la casa que no me agobia nada verlas, así que he decidido dejarlas para más adelante, cuando pasen los exámenes.

En teoría, es esta la categoría más difícil de desechar. Creo que haré un solo album con las fotos que más me gusten y descartaré las demás. En cuanto a las cartas, como es un hobby, tiraré “las del pasado”, y conservaré alguna postal navideña especialmente bonita y las cartas de las amigas con las que me escribo regularmente.

 

¿Te animas a organizar tu casa?

El método KonMari es para todo el mundo que quiera llevarlo a cabo. En mi caso, vivo en un piso de 60 metros cuadrados que estaban aprovechados al máximo con muebles para almacenar cosas que ni siquiera me gustaban. Ahora es como si tuviera el doble de espacio en casa, y no echo en falta nada. Además, hasta el último objeto que poseo tiene un lugar asignado, de tal manera que siempre sé dónde tengo que ponerlo después de usarlo y nunca queda por ahí. Parece una obviedad, pero supone un cambio radical.

Lo que más me gusta es que todas las superficies están vacías: puedo limpiar el polvo sin tener que mover apenas ningún objeto y esto, a la vista, me da una paz inmensa. Antes siempre había un montón de cosas encima de todos los muebles y los estantes: montones de libros, el bolso rondando de un sitio a otro, papeles que no sabía dónde guardar, llaves… Estoy muy feliz con el cambio.

Para los que quieran sentir esta armonía hogareña os recomiendo que leáis el libro antes de poneros a organizar. Yo había visto algunos vídeos de la autora doblando ropa y lo había hecho con algunos cajones de los míos, pero sin haber descartado todo lo superfluo antes, y os aseguro que hay muchísima diferencia con lo que he hecho ahora tras haberlo leído un par de veces. Por eso creo que es necesario conocer todos los detalles del proceso antes de empezar, es decir, que creo que lo correcto es leerlo primero.

Y, para terminar, os anuncio que mañana publicaré otro post relacionado con el KonMari con consejos que me hubiera gustado conocer antes de ponerme a organizar; consejos que me habrían puesto las cosas mucho más fáciles, y que espero apliquéis si vais a organizar vuestra casa 😉

 

El último título que me acompañó durante las fiestas navideñas fue La pareja de al lado, de una autora nueva para mí, Shari Lapena. Lo había visto en las redes sociales pero no me llamaba mucho la atención, ya que estas novelas que tienen tanta promoción y prometen ser el libro del año al final no me acaban de convencer, así que no estaba entre mis planes leerla hasta que cayó en mis manos durante una breve estancia en casa de mis padres. Lo empecé sin saber nada sobre la trama.

El principio promete ya un buen enganchón: una pareja está cenando en casa de los vecinos y han dejado su hija de 6 meses durmiendo tranquilamente en la cuna, pasando los padres cada media hora para comprobar que está todo bien. Pero un ratito después, cuando vuelven de la casa de al lado, la niña no está. Es un bebé y no ha podido escaparse por su propio pie, así que alguien se la ha tenido que llevar… Y, así, comienza la investigación.

Es muy agobiante pensar que un bebé tan pequeño ha desaparecido, y mucho más ver que la policía se centra primero en descartar a los padres como los posibles culpables, cuando ves que están histéricos por el secuestro. Poco a poco vamos conociendo al matrimonio y su relación con los padres de ella, bastante tensa, e irán saliendo a la luz secretos de unos y otros que en este momento de crisis harán que la familia se desestabilice por completo.

No quiero contar nada más para no fastidiar la lectura a quien aún no lo haya leído; simplemente comentar que la autora sabe darle buen ritmo a la historia y mantener el suspense hasta prácticamente el final. He tardado un par de días nada más en leerlo, y es que hacía tiempo que no me pasaba esto con un libro; ha sido doblemente placentero por este motivo. Es cierto que no aspira a ser más que entretenimiento puro y duro, pero me ha parecido un buen thriller y me ha hecho pasar buenos momentos; de hecho, ya me pica la curiosidad por la siguiente novela de la autora, Un extraño en casa.

¿Lo habéis leído? ¿Os enganchó?

Título: La pareja de al lado
Autor: Shari Lapena
Editorial: Suma de letras
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
Páginas: 368
Precio: 978-84-9129-065-0

Mañana – día 18- sale a la venta Reino de fieras, un thriller que, gracias a la editorial, he podido leer anticipadamente durante las fiestas navideñas.

La novela parte de una premisa muy interesante: Joan y su niño Lincoln están pasando la tarde en el zoo, como tantas otras veces, pero cuando llega el momento del cierre, no consiguen salir del recinto: Joan ve a un hombre armado y disparando a la gente, y decide dar media vuelta para esconderse… y sobrevivir. A su favor, Joan cuenta con un exhaustivo conocimiento de cada rincón del parque, ya que ha pasado muchas horas allí con Lincoln, pero tampoco le faltan cosas en contra: tiene un niño de cuatro años que, aunque es consciente de la situación de peligro que están viviendo, no deja de tener cuatro años y, además, en fin, no tienen absolutamente nada con que defenderse. Se avecinan unas horas trepidantes.

Toda la trama está contada desde el punto de vista de Joan, excepto unas pocas páginas que nos presentan a ciertos personajes que cobrarán protagonismo en la segunda mitad del libro, y creo que Gin Phillips comete el error de hacer la primera parte del libro un poco aburrida. ¿Por qué pasa esto? Pues por dos motivos: tras huir lo más lejos posible del hombre armado, Joan se esconde con Lincoln y, claro, mientras están escondidos, apenas sucede nada. Por otra parte, la autora emplea muchas páginas en explicar a través de la madre todo lo que tiene de especial el niño: el vocabulario inventado que emplea, los juegos y superhéroes que le gustan, las cosas que le gusta hacer, etc., y resulta poco creíble que en una situación de ansiedad y peligro como la que se está viviendo en el zoo, la madre esté media novela pensando en estos detalles sobre su hijo.

No obstante, el ritmo mejora mucho en la segunda mitad; se vuelve más emocionante cuando aparecen otros personajes y pasan más cosas. También se presentan dilemas morales a lo largo de la narración, ya que Joan debe decidir si salvar a otras personas que pueden lastrarla en cierta manera, pero tampoco me pareció, como lectora, que se pudiera juzgar el comportamiento de los personajes porque la situación es la que es. No sé; me quedó la sensación de que la autora quería dar más importancia de la que verdaderamente tiene a ciertas escenas de la trama.

Como veis, el libro tiene bastantes puntos flojos para mi gusto, pero he de confesar que, a pesar de ello, me lo he leído de un tirón porque engancha y te pica la curiosidad por saber cómo acabará esta situación tan horripilante. En todo caso, creo que es mejor para esos momentos lectores poco exigentes, de puro entretenimiento.

Título: Reino de fieras
Autor: Gin Phillips
Editorial: Suma de letras
Encuadernación; Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-9129-158-9
Páginas 312
Precio: 18,90 €

 

Artículos anteriores »