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Veréis, resulta que me he desapuntado del club de lectura.

Fue una decisión tomada después de varios meses de asistir a las reuniones con los libros a medio leer, o directamente no asistir por no haberlos leído; de remordimientos por saber que hay listas de espera con un montón de gente deseosa de participar en estos clubs que no puede hacerlo por estar limitado el número de asistentes; y de pena, al pensar que no volvería a ver a esas personas maravillosas que ya se han convertido en más que compañeras de lecturas… Pero, al final, tomé la decisión.

No obstante, me dejé una pequeña rendija abierta: les dije que, si leían algún libro que yo ya hubiera leído o que tuviera en la lista de pendientes, asistiría a la reunión para comentarlo con el club. Y así llegamos a Una madre; el libro que me permitió disfrutar una vez más de la compañía de la gente de mi club de lectura.

Era el primer libro de Alejandro Palomas que leía pero, gracias a la comunidad bloguera, sabía con seguridad que iba a emocionarme.

El autor nos presenta una cena de Nochevieja que gira en torno a una madre, Amalia, que pretende que esta reunión familiar sea especial; desea transmitir algo a sus hijos y a su hermano, algo que no dice con palabras pero sí con el corazón. Todos y cada uno de los comensales tienen heridas profundas que nunca han sanado del todo y Amalia, con su buen humor y amor de madre, va a envolver a toda su familia y cerrar un capítulo para que puedan volver a mirar hacia el futuro.

Es un libro relatado desde la perspectiva de Fernando, uno de los hijos de esta mujer tan vivaracha, y nos va desgranando el pasado de sus hermanas, de su madre y de su tío en breves anticipos. Nos permite vislumbrar retazos aquí y allá que acaban componiendo el puzzle de la familia, y lo hace de manera tan envolvente, cambiando suavemente de un personaje a otro, volviendo a la cena e introduciendo pinceladas de humor entre medias, que el lector cae rendido y se siente como un comensal más de esta Nochevieja tan especial.

Me ha encantado todo: la historia en sí y la manera que tiene el autor de manejarla e involucrar al lector en ella. Por ponerle una pega diría que las cosas que le suceden a Amalia son a veces demasiado alocadas, exageradas, pero son el punto de humor de la historia y al final las aceptas como parte indisoluble -e indispensable- de esta mujer tan peculiar.

En el club de lectura, salvo un par de excepciones, fue un libro que gustó mucho también. Salimos con el resto de novelas de Alejandro Palomas en la lista de libros pendientes.

Título: Una madre
Autor: Alejandro Palomas
Editorial: Siruela
ISBN: 978-84-16120-43-7
Páginas: 248
Precio: 17,95 €

Hoy quiero compartir algunos truquillos y consejos que me hubiera gustado tener presentes antes de ponerme a ordenar toda la casa, porque igual me hubiera organizado de otra manera de haberlos sabido. No os voy a contar cómo dice Marie Kondo que hay que ordenar, eso lo podéis leer perfectamente en su libro o buscar en youtube, sino que quiero compartir truquillos que he aprendido a lo largo del proceso.

Allá vamos:

Fuente

1) Calcula de forma realista el tiempo que te llevará cada categoría

Por pensar que yo no tenía “tantas cosas”, calculaba tiempos muy por debajo del que realmente empleé, por lo cual hubo días que me acosté tardísimo y muy cansada. Luego, según pasaban los días en este maratón del orden, ya fui atinando más.

Por ejemplo, si piensas objetivamente que tu ropa te llevará 4 horas, yo te diría que añadieras un 50% más, es decir, que calcules que serán en realidad 6 horas. Piensa que hay que que limpiar los armarios que vas despejando, decidir qué es lo que se queda, probarte prendas incluso, y tirar las bolsas de ropa que descartes.

Es un trabajo inmenso, y no se hace “en un ratín”. Tenlo en cuenta.

2) Organiza por la mañana

Está relacionado con el anterior, y su fin es evitar acabar a altas horas de la noche, agotada, y encima con la cabeza dándole vueltas al tema (“¿estoy segura de que quiero tirar todo eso? ¿No me estaré volviendo loca?”), por lo que te costará dormir.

La autora lo recomienda expresamente también, pero pensé que no sería algo “obligatorio, y empecé con el KonMari por las tardes, pero me cambié pronto a las mañanas de los fines de semana y me fue mucho mejor.

3) Prepara la comida con antelación

Después de estar hecha polvo limpiando, organizando y tirando cosas, es una tortura encima tener que hacer la comida. Asegúrate de que ese día no tienes que hacer otras tareas imprescindibles para tu supervivencia; prepara algo el día anterior que solo requiera calentarlo en el microondas. Me lo agradecerás.

4) Compra guantes para limpiar

No sé por qué, pero mover tantas cosas y limpiar tantos armarios y muebles hace que los guantes de silicona se rompan enseguida. A veces, a los 30 minutos de empezar ya se me habían roto y, como no me apetecía bajar a comprar más, lo hacía sin guantes.

Total, que me han quedado las manos muy dañadas de tanto producto de limpieza y tanto polvo, así que hazme caso: compra guantes, y ten un par de ellos de repuesto.

5) No intentes vender todo lo que descartas

Si eres como yo, habrás pensado que puedes sacarte un dinero con los objetos que quieres tirar. Intentar los objetos que has descartado es muy estresante, os lo digo por experiencia.

Si se lo quieres vender a personas que se dedican a la compraventa de objetos de segunda mano, tienen que ir a tu casa a verlos (al fin y al cabo, son gente desconocida y algunos no son muy de fiar). Si los vendes por internet, tienes que sacar fotos una a una e ir contestando a las personas que se ponen en contacto contigo. En ambos casos, tienes que tener todos los cachivaches en casa mientras los vendes… Es un agobio.

Deja al lado de un contenedor lo que no sea tan valioso, por si alguien lo quiere, dona o regala las cosas que estén medianamente bien, e intenta vender cuatro cosas que tengan más valor. Merece la pena hacerlo así, aunque cueste creerlo.

*****

Y esto es todo.

Parece que fue ayer cuando me decidí a ordenar mi casa (te cuento el proceso aquí), y resulta que ya han pasado varias semanas. He sobrevivido a una tanda de exámenes del Máster que estoy cursando y la casa sigue exactamente igual de ordenada que antes porque todos los objetos tienen un sitio al que volver cuando se han terminado de utilizar. ¡Estoy encantada!

Es cierto que pasé días extenuantes, pero el resultado ha merecido la pena.

Si me sigues en Twitter, te habrás dado cuenta de que me he pasado las últimas semanas limpiando, organizando y deshaciéndome de bolsas y bolsas hasta arriba de cachivaches que no quiero tener en casa. La culpable de este huracán de limpieza y orden que me ha poseído es Marie Kondo, la japonesa que ha revolucionado el mundo del minimalismo y la organización con este primer libro: La magia del orden. Ella misma ha bautizado a su método con el nombre de KonMari, y os anuncio que se ha convertido en la guía espiritual y filosófica del resto de mi vida.

Por si alguien no está familiarizado con este libro, lo explico brevemente: consiste en sacar TODAS tus posesiones terrenales según su categoría (toda la ropa, todos los libros, todos los utensilios de cocina, etc.), ponerlas todas juntas para que te dé un soponcio tras el impacto visual que suponen todos los objetos que acumulas; descartar lo que no te provoca felicidad y/o no necesitas y, finalmente, buscar un sitio para el resto de cosas que de verdad quieres tener, de manera que quede organizado todo para siempre; que cada objeto tenga un lugar al que volver después de ser usado.

 

Mi experiencia ordenando

Como os podéis imaginar, es más fácil decirlo que hacerlo, pero os cuento un secreto: todo es empezar. La autora, que vive de enseñar a la gente a organizar, recomienda un orden concreto, que he seguido a rajatabla. Os voy a contar cómo lo hice, y os voy a enseñar fotos del proceso, con la intención de que veáis que esto no es un camino de rosas, ni mucho menos. Requiere muchísimo esfuerzo, muchas horas, y muchas decisiones que tomar sobre tu vida en general. Allá vamos.

1) Ropa

Yo pensaba que no tenía mucha ropa, pero lo primero que tuve que hacer fue dividir la categoría “ropa” en subcategorías ya que no me iba a dar tiempo a hacerlo todo en un solo día. Sin comentarios. Además, me dio tal impresión ver la cantidad de ropa que tenía encima de la cama, que no hice foto por pura vergüenza. Como os digo, ordenar y desechar prendas, y todo tipo de cosas, lo que hace es sacar tu comportamiento a la luz, y darse cuenta de lo que uno ha sido durante tantos años (consumista, acaparador…) es bastante duro.

Pues bien, organicé los zapatos un día, otro para la ropa interior, la ropa de la casa, los abrigos y, finalmente, el resto (camisas, jerséis, pantalones, ropa de deporte). Terminé con 12 bolsones llenos de prendas que no me gustaban, no me valían y/o no me ponía desde hacía tiempo. Lloré al despedirme de prendas que había disfrutado en el pasado; limpié los armarios, cómoda y zapateros; doblé las prendas como Marie Kondo recomienda, y fui feliz por siempre jamás. Bueno, hasta que me di cuenta de que debía hacer lo mismo con el resto de mis cosas 😉

2) Libros

Por supuesto, si estás leyendo esto, pensarás que no he podido deshacerme de los libros o que, si lo he hecho, no merezco ser llamada bibliófila. Quizás tengas razón.

Lo cierto es que me he desecho de 250 libros, y sin pestañear, aunque es verdad que Marie Kondo recomienda hacer una purga mucho más brutal que la mía. He seguido el siguiente patrón (de mi propia cosecha):

Para los libros que ya he leído: libros que me han encantado, se quedan; libros que me han gustado y que he prestado a mi abuela/familiares/amigos y han regresado a mí, se van. Estos últimos ya han cumplido su función y estoy segura al 100% de que no los voy a releer.

Para los pendientes me he hecho la siguiente pregunta: si tuviera todo el tiempo del mundo, ¿leería este libro? Así he ido descartando unos y conservando otros. La autora explica muy bien esto que todos los lectores sabemos intrínsecamente: que cada libro tiene su momento y que, si no lees un libro justo después de comprarlo, es muy probable que no lo leas nunca. Yo no he sido tan radical y he conservado muchos pendientes que creo que sí me apetecen y me van a gustar. Pero también hubo muchos que descarté.

El caso es que ya estaba pensando en visitar Ikea y comprar nuevos Billys, pero ahora tengo estantes enteros vacíos. VACÍOS. Y siento una paz interior difícil de explicar.

3) Papeles

Esta era una categoría que estaba deseando organizar. Cada cierto tiempo he tirado apuntes y cuadernos de la carrera atrasados e inútiles ya, pero nunca había hecho una limpieza “a fondo”. No fue fácil, y estuve muchas horas mirando cada papel y decidiendo qué tirar. Además tenía montones de libretas (me encantan) que tuve que desechar también básicamente porque no las he usado nunca; me quedé con cuadernos en blanco para apuntes, los contratos, nóminas y ese tipo de papeles que se deben conservar, y las libretas que más me gustaban.

4) Categorías “pequeñas”

Tras los papeles, y viendo ya gran parte de la casa ordenada, entré en una vorágine del orden: organizaba entre semana una categoría “pequeña” (productos de limpieza, peluches, cajas de cartón etc.), y dejaba para el finde el maratón eterno de las categorías grandes. No veo ninguna pega en ir haciéndolo así, siempre y cuando organices todos los objetos de esa categoría.

Cantidad de objetos para descartar en un día cualquiera

5) Manualidades y material escolar

Como muchos sabréis, me encanta el scrapbooking y escribir cartas, así que organicé el material que tengo en un día diferente al de los “papeles”, porque para mí son cosas distintas. Lo junté con el material escolar (post-its, bolis, subrayadores, clips, pinturas, etc.) porque lo tengo todo en la misma habitación, así que fue bastante fácil.

Tiré un montón de bolígrafos y pinturas, grapadoras pequeñas que no me gustan, gomas de borrar roñosas, recortes que no he usado… Pero lo más duro de este día fue ordenarlo todo y buscar el sitio adecuado para cada cosa. Ha quedado todo estupendo, y estoy muy a gusto en esta habitación que utilizo a la vez para estudiar y para “jugar”.

6) Baño

En realidad debería decir “todo lo que hay en los armarios del baño”. El día que saqué todo lo que contenían los armarios, sentí un enorme placer, porque sabía que no iba a ser difícil descartar cosas: tiré sin pestañear todo el maquillaje (no uso maquillaje desde hace años), todas las horquillas y cintas del pelo, todas las muestras, y todos los botes de cremas que llevaban más de 2 años por allí abiertos. Las colonias sin usar se las regalé a mi madre, que le gusta llevar algún frasco para la mochila de deporte.

La verdad es que lo que más me costó ese día fue limpiar armarios y azulejos, pero quedó todo perfecto y con espacio de sobra.

7) Cocina

Después de organizar y limpiar la cocina tuve agujetas, no os digo más.

Saqué todo lo que había en los armarios, tanto los utensilios de cocina como la comida, y me pasé un buen par de horas limpiando con el famoso quitagrasas del Mercadona. Puse una balda de más en un armario de la terraza que uso como despensa, porque me venía mejor para organizar las tazas, y después de eso me pareció que, ya que estaba, podía limpiar los cristales de allí, de la terraza, así que una hora más sacando los cristales (son de esas ventanas correderas) y limpiándolos a fondo. Ya de estar… Todo esto después de que me llamaran los vecinos por una emergencia (una vecina se había caído en el baño y no se podía levantar), y me llevara un buen susto para el cuerpo.

A la hora de desechar, empecé por la comida caducada (2 bolsas de basura). Aquí me pasó como con la ropa: me daba vergüenza ver toda esa comida que compro por impulso de vez en cuando y dejo por ahí olvidada hasta que la tiro porque se caducó hace un par de años. Espero no volver a comportarme así, os lo digo de verdad.

La mayoría de los utensilios de cocina no son realmente míos, sino que son de mis padres (¡es su piso!), así que no deseché más que los que estaban estropeados (platos o vasos con muescas), y mis tazas. Solía tener tantas tazas que no me cabían en los armarios, así que siempre las tenía en la encimera y, sinceramente, una sola persona no necesita 20 tazas, así que descarté las que menos me gustaban, llevé alguna para el despacho (nos vienen fenomenal para tomarnos un tecito de vez en cuando), y tengo ya todas las restantes ordenadas en un armario.

Por primera vez en mi vida, estoy disfrutando de mi cocina.

8) Miscelánea

El último día lo dediqué a objetos sin categoría concreta. Saqué todo lo que me quedaba por ordenar de los armarios del pasillo, las estanterías del salón y los cajones de las mesillas de noche.

Aunque me llevó mucho tiempo, la verdad es que no fue ya tan difícil como los días anteriores, y acabé el día haciéndome un buen chocolate caliente con nata y bizcochos, para celebrarlo.

 

9) Objetos sentimentales

Es cierto que me faltan por ordenar las fotos y las cartas, pero físicamente ocupan tan poquito espacio en la casa que no me agobia nada verlas, así que he decidido dejarlas para más adelante, cuando pasen los exámenes.

En teoría, es esta la categoría más difícil de desechar. Creo que haré un solo album con las fotos que más me gusten y descartaré las demás. En cuanto a las cartas, como es un hobby, tiraré “las del pasado”, y conservaré alguna postal navideña especialmente bonita y las cartas de las amigas con las que me escribo regularmente.

 

¿Te animas a organizar tu casa?

El método KonMari es para todo el mundo que quiera llevarlo a cabo. En mi caso, vivo en un piso de 60 metros cuadrados que estaban aprovechados al máximo con muebles para almacenar cosas que ni siquiera me gustaban. Ahora es como si tuviera el doble de espacio en casa, y no echo en falta nada. Además, hasta el último objeto que poseo tiene un lugar asignado, de tal manera que siempre sé dónde tengo que ponerlo después de usarlo y nunca queda por ahí. Parece una obviedad, pero supone un cambio radical.

Lo que más me gusta es que todas las superficies están vacías: puedo limpiar el polvo sin tener que mover apenas ningún objeto y esto, a la vista, me da una paz inmensa. Antes siempre había un montón de cosas encima de todos los muebles y los estantes: montones de libros, el bolso rondando de un sitio a otro, papeles que no sabía dónde guardar, llaves… Estoy muy feliz con el cambio.

Para los que quieran sentir esta armonía hogareña os recomiendo que leáis el libro antes de poneros a organizar. Yo había visto algunos vídeos de la autora doblando ropa y lo había hecho con algunos cajones de los míos, pero sin haber descartado todo lo superfluo antes, y os aseguro que hay muchísima diferencia con lo que he hecho ahora tras haberlo leído un par de veces. Por eso creo que es necesario conocer todos los detalles del proceso antes de empezar, es decir, que creo que lo correcto es leerlo primero.

Y, para terminar, os anuncio que mañana publicaré otro post relacionado con el KonMari con consejos que me hubiera gustado conocer antes de ponerme a organizar; consejos que me habrían puesto las cosas mucho más fáciles, y que espero apliquéis si vais a organizar vuestra casa 😉

 

El último título que me acompañó durante las fiestas navideñas fue La pareja de al lado, de una autora nueva para mí, Shari Lapena. Lo había visto en las redes sociales pero no me llamaba mucho la atención, ya que estas novelas que tienen tanta promoción y prometen ser el libro del año al final no me acaban de convencer, así que no estaba entre mis planes leerla hasta que cayó en mis manos durante una breve estancia en casa de mis padres. Lo empecé sin saber nada sobre la trama.

El principio promete ya un buen enganchón: una pareja está cenando en casa de los vecinos y han dejado su hija de 6 meses durmiendo tranquilamente en la cuna, pasando los padres cada media hora para comprobar que está todo bien. Pero un ratito después, cuando vuelven de la casa de al lado, la niña no está. Es un bebé y no ha podido escaparse por su propio pie, así que alguien se la ha tenido que llevar… Y, así, comienza la investigación.

Es muy agobiante pensar que un bebé tan pequeño ha desaparecido, y mucho más ver que la policía se centra primero en descartar a los padres como los posibles culpables, cuando ves que están histéricos por el secuestro. Poco a poco vamos conociendo al matrimonio y su relación con los padres de ella, bastante tensa, e irán saliendo a la luz secretos de unos y otros que en este momento de crisis harán que la familia se desestabilice por completo.

No quiero contar nada más para no fastidiar la lectura a quien aún no lo haya leído; simplemente comentar que la autora sabe darle buen ritmo a la historia y mantener el suspense hasta prácticamente el final. He tardado un par de días nada más en leerlo, y es que hacía tiempo que no me pasaba esto con un libro; ha sido doblemente placentero por este motivo. Es cierto que no aspira a ser más que entretenimiento puro y duro, pero me ha parecido un buen thriller y me ha hecho pasar buenos momentos; de hecho, ya me pica la curiosidad por la siguiente novela de la autora, Un extraño en casa.

¿Lo habéis leído? ¿Os enganchó?

Título: La pareja de al lado
Autor: Shari Lapena
Editorial: Suma de letras
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
Páginas: 368
Precio: 978-84-9129-065-0

Mañana – día 18- sale a la venta Reino de fieras, un thriller que, gracias a la editorial, he podido leer anticipadamente durante las fiestas navideñas.

La novela parte de una premisa muy interesante: Joan y su niño Lincoln están pasando la tarde en el zoo, como tantas otras veces, pero cuando llega el momento del cierre, no consiguen salir del recinto: Joan ve a un hombre armado y disparando a la gente, y decide dar media vuelta para esconderse… y sobrevivir. A su favor, Joan cuenta con un exhaustivo conocimiento de cada rincón del parque, ya que ha pasado muchas horas allí con Lincoln, pero tampoco le faltan cosas en contra: tiene un niño de cuatro años que, aunque es consciente de la situación de peligro que están viviendo, no deja de tener cuatro años y, además, en fin, no tienen absolutamente nada con que defenderse. Se avecinan unas horas trepidantes.

Toda la trama está contada desde el punto de vista de Joan, excepto unas pocas páginas que nos presentan a ciertos personajes que cobrarán protagonismo en la segunda mitad del libro, y creo que Gin Phillips comete el error de hacer la primera parte del libro un poco aburrida. ¿Por qué pasa esto? Pues por dos motivos: tras huir lo más lejos posible del hombre armado, Joan se esconde con Lincoln y, claro, mientras están escondidos, apenas sucede nada. Por otra parte, la autora emplea muchas páginas en explicar a través de la madre todo lo que tiene de especial el niño: el vocabulario inventado que emplea, los juegos y superhéroes que le gustan, las cosas que le gusta hacer, etc., y resulta poco creíble que en una situación de ansiedad y peligro como la que se está viviendo en el zoo, la madre esté media novela pensando en estos detalles sobre su hijo.

No obstante, el ritmo mejora mucho en la segunda mitad; se vuelve más emocionante cuando aparecen otros personajes y pasan más cosas. También se presentan dilemas morales a lo largo de la narración, ya que Joan debe decidir si salvar a otras personas que pueden lastrarla en cierta manera, pero tampoco me pareció, como lectora, que se pudiera juzgar el comportamiento de los personajes porque la situación es la que es. No sé; me quedó la sensación de que la autora quería dar más importancia de la que verdaderamente tiene a ciertas escenas de la trama.

Como veis, el libro tiene bastantes puntos flojos para mi gusto, pero he de confesar que, a pesar de ello, me lo he leído de un tirón porque engancha y te pica la curiosidad por saber cómo acabará esta situación tan horripilante. En todo caso, creo que es mejor para esos momentos lectores poco exigentes, de puro entretenimiento.

Título: Reino de fieras
Autor: Gin Phillips
Editorial: Suma de letras
Encuadernación; Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-9129-158-9
Páginas 312
Precio: 18,90 €

 

Al parecer, esta Maestra de Pueblo es un personaje famoso en las redes sociales, pero yo no me había topado con ella hasta que vi la portada del libro y supe que sería un buen regalo navideño para mi hermana, que lleva dos años siendo también “maestra de pueblo novata” 🙂 Cuando fui a comprarlo a mi librería de confianza ni siquiera sabía que se trataba de un cómic, pero me alegré todavía más porque a veces apetece cambiar de formato y sabía que, para mi hermana, una novela gráfica sería una sorpresa aún mayor.

Y, claro está, después de que lo leyera ella, y para hacer tiempo mientras mi sistema inmunitario trabajaba sin descanso para echar de mi vida a los virus de la gripe que tenía de okupas, lo leí yo también.

El cómic empieza presentándonos a María, una chica madrileña que estudió Magisterio pero que trabaja de cajera en un supermercado (este cómic es muy realista, sí) justo en el momento en que recibe “la llamada” para hacer su primera sustitución en un colegio de un pueblo del que nunca ha oído hablar. Pasa por estas pruebas de fuego para todo aquel que quiere optar a un trabajo de maestro: buscar alojamiento de un día para otro, cargar el coche con mil cosas porque no sabes lo que puedes necesitar, presentarse en el colegio cuando el curso ya está empezado y todo el mundo conoce al resto menos tú y, por supuesto, dar clase a los alumnos de segundo de primaria que la han tocado.

Al principio, a María la cuesta un poquito adaptarse a la vida en un pueblo pequeño, pero poco a poco va cogiendo el gusto por el mundo rural y el aire libre; va conociendo a otros profes que la hacen la vida un poco más fácil… ¡incluso le pilla el truco a la fotocopiadora del colegio! Vamos, que cuando llega el último día de curso, esta madrileña se siente como una más en este pueblecito manchego y le resultará difícil volver a la realidad, aunque creo que siempre recordará con cariño su primera experiencia como maestra.

Como os comentaba, es un libro muy realista (confirmado, además, por mi hermana, que está pasando por todo ello y me comentó que se sentía muy identificada 😉 ); no solo es un cómic divertido, que también, sino que trata una serie de anécdotas de los primeros años de estos maestros en situación tan precaria, haciendo kilómetros y kilómetros para poder trabajar y ganar puntos, encariñándose con sus primeros alumnos, conociendo sitios y gente nueva cada año, y enseñando a los niños que, al final, es de lo que se trata.

Seguro que os gusta.

Título: Maestra de Pueblo con L de novata
Autor: Maestra de Pueblo
Ilustrador: Cristina Picazo
Editorial: Grijalbo
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-253-5547-9
Páginas: 112
Precio: 15,90 €

 

Un vistazo rápido a los libros que han llegado a casa en estos últimos meses:

Al caer la luz (Jay McInerney) es una de las grandes apuestas de Libros del Asteroide para esta temporada, y me apetece mucho leerlo.

La librería del señor Livingstone: el nuevo libro de Mónica ha llegado y, a pesar de que compré un ejemplar digital cuando salió a la venta, Mónica ha tenido a bien obsequiarme con la edición en papel 🙂 Me ha encantado, como siempre.

En una escapada a Madrid que hice hace muy poco volví con los abrazos y besos de Nuria, Pi y Loque pegados por todo el cuerpo, tres kilos de más, y un par de libritos. Centrémonos en los libros por ahora: uno es La historia del señor Sommer, un libro ilustrado precioso de Patrick Süskind que me había comprado Loque. El otro es What is not yours is not yours (Helen Oyeyemi), una colección de relatos cuyo tema central son unas misteriosas llaves. Lo compré en una librería muy chula a la que me llevaron las madrileñas 😉

Cicatrices (Ángel Zero) es un libro de poesía que me llegó por sorpresa a casa. Siendo sincera os digo que no lo conocía, pero también que estoy leyendo mucha poesía últimamente, y cada vez me apetece más. En breve os contaré qué me ha parecido.

*****

Está claro que el tiempo invita a quedarse en casa calentito con un buen libro, ¿verdad? Qué placer.

Hace un tiempo una amiga bloguera muy querida me regaló este libro. Sabía que me iba a encantar, pero por algún motivo me daba un poco de pereza leerlo, y ha sido gracias al club de lectura cuando finalmente lo leí porque es uno de los libros que hemos comentado y, ni que decir tiene, a todos nos ha gustado mucho.

Cometas en el cielo es una historia sobre la amistad, y hay tantísimas reseñas sobre el libro que me temo que no podría aportar nada nuevo, así que voy a aprovechar para reseñarlo de una manera diferente: con las reseñas de otros amigos blogueros:

“No puedo recordar cuántas veces me he tenido que limpiar las lágrimas de los ojos ante las injusticias, el dolor, la pena que se vive en el libro. Verás cómo personas buenas acaban teniendo finales que no son dignos de ellos.”

Eva, en La historia en mis libros.

“Me convertí en lo que hoy soy a los doce años”, con esta frase Khaled Hosseini, daba el pistoletazo de salida a una de las historias más dramáticas, a la par de adictiva, que había pasado por mis manos.”

Bea, en Pasajes Románticos.

“…es lo que ha conseguido este sencillo libro con su historia de niños adultos y países que ven como su normalidad desaparece entre cascotes por el suelo y vidas destrozadas.”

Mientrasleo en Entre montones de libros.

“Con esta novela me he enfadado, me he emocionado, me ha puesto un nudo en la garganta, he llorado… Y cuando he cerrado definitivamente el libro, he sentido pena de despedirme de sus personajes. Personajes perfilados con tanto mimo y que me han hecho sentir tantas cosas…”

Margari en Mis lecturas y más cositas.

*****

Espero que, si queda aún alguna persona que no haya leído a Khaled Hosseini, se plantee hacerlo pronto. Encontrará una historia intensa sobre una amistad infantil que, a pesar de los secretos y silencios en los que se ha fundado, sobrevive a lo largo de los años, de la guerra, y de las diferencias sociales. Una maravilla de libro.

Título: Cometas en el cielo
Autor: Khaled Hosseini
Editorial: Salamandra
Encuadernación: Bolsillo
ISBN: 978-84-7888-885-6
Páginas: 382
Precio: 8,90 €

 

La nueva temporada de mi club de lectura ha comenzado con esta novela de Eudora Welty, galardonada con el Pulitzer, que no me ha gustado nada (no sé si reír o llorar).

La hija del optimista es la típica historia de regreso al hogar familiar de una mujer, Laurel, que debe volver a la cuidad sureña que la vio crecer para cuidar a su padre convaleciente y aguantar estoicamente a la segunda esposa de este, que es incluso más joven que Laurel y de una clase social más baja que la de su padre y ella.

Comienza así una historia en que la protagonista se reencuentra con sus vecinos y amigos de la infancia, y los recuerdos que aún habitan en la que fue su casa. Y sería una historia interesante si no fuera por la absoluta falta de emoción en el personaje de Laurel y por los comportamientos esperpénticos, exagerados hasta exasperar, que protagonizan todos los que no pertenecen a su mismo estatus, en especial la segunda esposa y su familia.

El libro me ha resultado aburridísimo. Las primeras setenta páginas se hacen muy cuesta arriba con el padre de Laurel en el hospital, sin que realmente ocurra gran cosa y, después de la muerte de este hombre (lo pone en la sinopsis; no es spoiler), la historia se centra en hacer ver al lector lo cotillas que son en el sur de Estados Unidos y los pocos modales que tienen las clases sociales inferiores. Todo regado con grandes dosis de tedio y sopor.

Para dejarlo pasar y olvidarlo para siempre.

PD: Como siempre, me siento en la obligación de comentar que sí hubo personas en el club a las que les gustó el libro. Queda a vuestra elección probar suerte con esta novela 😉

Título: La hija del optimista
Autor: Eudora Welty
Editorial: Impedimenta
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
ISBN: 978-84-937110-5-4
Páginas: 232
Precio: 19 €

 

Ayer tuve la suerte de romper un poco la rutina con una presentación de un libro de poesía muy especial titulado De sueños también se muere. Y lo llamo especial no solo por el libro en sí, que ha conseguido emocionarme, sino por su autor, Hugo, al que conozco desde que era un niño.

Veréis, recuerdo una tarde, hace varios meses, en la que él me comentó que escribía poesía y le gustaría publicar varios poemas que guardaba; yo le debí de contestar que había muchas plataformas para autopublicar, dependiendo si quieres tu libro en papel o solamente en formato digital, etc., y la sensación que me ha quedado es de que al día siguiente, como quien dice, este libro estaba ya en mis manos.

De sueños también se muere es un libro que trata sobre todas las emociones que nos provoca el amor. Y no hablo de calma y paz, sino de ese estallido de sentimientos que toma posesión de uno mismo cuando el amor se cuela, voluntariamente o no, en tu vida. Y es que, a veces, parece que no lo podemos evitar.

Decía Hugo en la presentación del libro que él necesita ponerse a escribir cuando una emoción le embarga; que las palabras le salen a borbotones en ese momento creativo, y que no piensa después en modificar nada de lo que ha escrito, pues son esas las palabras las que salieron de su interior y modificarlas sería modificar sus sentimientos tal y como los sintió en aquel momento. Y se nota. Se nota que lo que leemos posee una frescura, una sinceridad, que solo puede haber sido concebida en ese estado, a veces de desesperación, otras de éxtasis, que el amor -o los amores- nos provocan.

Nos contó que decidió distribuir los poemas según la etapa del amor en que se habían escrito y, así tenemos los siguientes capítulos, muy ilustrativos del torbellino que aguarda entre sus páginas: Encuentro, Destrozo, La herida, Libre, Renacimiento y Mi próximo desastre. Hugo asegura que lo ha escrito primero por una pura razón egoísta de necesidad de sacar a la luz todo lo que vive, y también porque cree que son sentimientos universales y que, a través de la lectura, puede ayudar a cualquier persona para decirle sí, yo yo también he pasado por esto; he sido feliz, he construido castillos en el aire, me he cortado con sus cristales rotos, he pasado noches llorando y, sabes qué, me encanta.

Y así, te acercas a este poemario y tienes que leerlo despacito, de rato en rato, porque no puedes soportar ese alud de sentimientos como para leerlo seguido, aunque te pique la curiosidad por cómo será la siguiente poesía. Me ha entusiasmado leer este amor en crudo, esos sentimientos que me hablan a mí y hablan a cualquiera que, alguna vez, se haya enamorado.

TE SIGO

Y apareces de la nada.

Como si el viento te arrastrara y cuando menos me lo espero vas y apareces. Con tu mirada de puñal y tu forma de caminar. Parece que salieras de un anuncio de perfume con tu abrigo largo y tus aún más largos silencios. La niebla te hace un manto y arrastras al mundo con tu melancolía. Tu voz a vees es tan suave que parece un rumor, pero tan clara y transparente como el cristal, a veces incluso corta por igual.

Te mueves a cámara lenta entre la gente y nadie se atreve a detenerte, me gustaría poder explicarte lo que es mirarte  como quien mira las piezas esparcidas de la imagen más bonita jamás vista.

Tengo miedo de no poder componerte nunca. De no perderme en tus desastres, de no formar parte de ellos. Quiero adentrarme en tus ruinas y compartir contigo ese veneno que puedo ver a través de tus resquicios.

Nunca dices adiós y desapareces de nuevo, como una ilusión o como un sueño y mi instinto me lleva a seguirte, a apretar el paso, como quien se aferra a un sueño cuando este se está desvaneciendo.

Y te sigo, a veces en silencio, para ver si te olvidas de que estoy allí
y simplemente te sigo, viendo tu silueta, tan distinta de las otras.

Y no me importa cuál es el destino, no quiero saber dónde está la línea de meta, no me importa que vayamos caminando de cabeza al más alto de los precipicios.

Porque, al fin y al cabo, yo te seguiría a cualquier parte.

(Este es el primer poema del libro)

Por último, comentar algo que también se dijo en la presentación, y es que me parece un acto de valentía no ya escribir sobre sentimientos y amor, sino atreverte a compartirlos y exponerlos a todo el mundo, familiares, amigos, completos desconocidos… Hugo abrió la ronda de preguntas diciendo: “Si alguien tiene alguna pregunta sobre el libro o sobre mi vida, que vienen a ser lo mismo…”

Pero, ¿existiría la poesía si poetas como Hugo no se atrevieran a compartirla?

 

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