La Templanza, de María Dueñas
1 Abr 2025 por Isi
Cuando Mauro Larrea pierde toda su fortuna por culpa de la guerra civil estadounidense, decide empeñar su casa señorial de Veracruz y lanzarse a la aventura en la isla de Cuba busca de algún negocio con el que recuperar liquidez. Necesita salir de México para que sus amistades de la alta sociedad no sospechen de su venida a menos, pero quiere estar lo suficientemente cerca para regresar en cuanto ponga a punto sus finanzas. Lo que no espera Mauro es que le utilicen como peón en una disputa conyugal que, contra todo pronóstico, le llevará a Jerez como propietario de un viñedo, justo en el momento de pleno apogeo de exportaciones de caldos de esta tierra hacia las islas británicas.
Mauro, cercano a la cincuentena, ha salido ya de muchas cuitas. Empezó trabajando bajo tierra, en las minas mexicanas, y poco a poco fue ahorrando, invirtiendo, y haciéndose con un nombre entre los notables de México. Viudo desde hace muchos años, la única compañía constante que ha tenido en la vida ha sido la de un sirviente nativo de américa, Santos Huesos, ahora que sus hijos son mayores y vuelan solos; la hija bien casada y a punto de ser madre, y el hijo viajando por Europa, un poco despendolado.
María Dueñas nos transporta al siglo XIX para contar la historia de un inmigrante español en México. Mauro ha hecho realidad el sueño americano: ha empezado desde abajo y ha hecho fortuna en su país de acogida, pero la pérdida de sus inversiones le conduce por una serie de aventuras en diferentes puntos del globo. Es un personaje que no duda en lanzarse a jugar con cualesquiera cartas le hayan tocado en suerte. Las oportunidades que se le van presentando son variopintas y le añaden intriga a la historia: comercio ilegal de esclavos africanos, inventos tecnológicos para el transporte y, finalmente, el trabajo de la tierra como metáfora de la vuelta al origen. La zona oscura, la novedosa y la tradicional, entre las que labrarse un nuevo camino.
Quizás menos acertados me parecieron los dos personajes femeninos principales. Tenemos a dos mujeres que irrumpen en la vida de Mauro: una en Cuba y otra en España. Las dos mujeres han realizado alguna actividad ilegal, pero se nos presenta a la cubana como “la mala”, la mujer sin escrúpulos, y a la jerezana como “la buena”, la que hace lo posible solo para salir adelante. La mujer cubana protagoniza una serie maquinaciones que la autora utiliza para añadir emoción, pero que, a la postre, resultan forzadas. Por otro lado, el nudo de la historia también es irregular: hay escenas un poco más tediosas, pero hay otras magistrales, como la apuesta que Mauro hace con el marido de la mujer cubana, y que despachan mediante una partida de billar. Emoción a flor de piel en un punto intermedio de la historia, la parte de Cuba, que se echa de menos cuando llegamos al desenlace en Jerez.
Sin duda, lo que más me ha llamado la atención ha sido que la autora eligiera un personaje masculino ya en la madurez para contarnos la historia: un hombre de cuarenta y muchos años que se enfrenta a una serie de problemas que con frecuencia les suelen acontecer a personajes más jóvenes. Su motivación también es distinta, dada su situación: necesita reflotar sus finanzas para que sus hijos no se vean desfavorecidos entre la sociedad de la que forman parte. Me duele que no me hayan convencido los personajes femeninos de La Templanza, pero se agradece este cambio de punto de vista con respecto a la generalidad de las novelas que suelen caer en mis manos.
Dejo los datos de la edición de bolsillo:
Título: La Templanza
Autora: María Dueñas
Editorial: Booket
Encuadernación: Bolsillo
ISBN: 978-84-08-18759-2
Páginas: 544
Precio: 12,95€





De la autora sólo he leído El tiempo entre costuras, que me gustó mucho, pero no he vuelto a leer nada suyo. No pinta mal esta novela, pese a esos personajes femeninos. Quizás me anime.
Besotes!!!
Hola, Margari!
Yo había leído El tiempo entre costuras y Misión olvido, pero el primero es el que más me había gustado, y sigue siendo mi favorito 🙂 Es de esos que te dejan muy buen recuerdo, ¿verdad?